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Por Valeria Cavero-Nota Especial
Empezar de nuevo es una meta que uno puede realizar constantemente. Cada día, minuto y segundo constituye una nueva oportunidad para el crecimiento personal, que implica reconocer creencias y hábitos limitantes y plantear el propósito de erradicarlos. Dicho esto, el comienzo de un nuevo año suele sentirse como una oportunidad especial. Una órbita del sol a la Tierra, que se completa en poco más de 365 días, ya es un evento astronómico hermoso y especial. Si añadimos a ello una celebración con cábalas y seres queridos, tenemos la receta perfecta para abrir un período de prosperidad, unión y buena fortuna.
Calendario y resoluciones: una tradición milenaria
Originalmente, el calendario romano marcó el inicio de año en marzo, y funcionaba en torno al ciclo lunar, no solar. Durante la “dictadura perpetua” de Julio César (aproximadamente en el 45 a.C.) se exigió la reforma del calendario romano. Basado en los cálculos del astrónomo y matemático Sosígenes de Alejandría, quien propuso el sistema de 365 días y un año bisiesto cada cuatro regulares, se estableció el “calendario juliano”. La decisión de establecer el 1° de enero como el principio del año se sustenta en celebraciones paganas. Este mes se dedicaba a la veneración del dios Jano, uno de los más antiguos de la mitología local. Representado con dos caras, la deidad “(…) presidía todo aquello relacionado con el cambio” de acuerdo a National Geographic, velando por los nuevos comienzos, los finales y procesos temporales.
Eventualmente, con la expansión del cristianismo tras la caída de Roma, se señaló al 1° de enero como una fecha “demasiado pagana” de acuerdo a BBC. Muchos deseaban que el comienzo se reposicionara el 25 de marzo, fecha de aparición del arcángel Gabriel a la Virgen María. El dilema acabó en el siglo XVI, cuando el papa Gregorio XIII introdujo el “calendario gregoriano”, cimentando el 1° de enero como fecha oficial. Cabe aclarar que Inglaterra, protestante y crítica a la autoridad del papa, celebró en marzo hasta 1752.
Nuevos propósitos
Al margen de la fecha de inicio, la tradición de plantear propósitos para Año Nuevo se mantiene, aproximadamente, desde hace 4,000 años. Se tienen registros de las antiguas civilizaciones de Babilonia, Siria y otras zonas de Mesopotamia, que realizaban festivales en torno al equinoccio de primavera. Mediante estos festejos los habitantes expresaban gratitud a sus dioses por la abundancia en sus cosechas.
De acuerdo con Eckart Frahm, profesor de lenguas y civilizaciones del Cercano Oriente en la Universidad de Yale, una aceptada hipótesis sostiene que el primer paso se dio en Babilonia, cuando un rey prometió públicamente ser un “mejor gobernante”. Los estudiosos debaten la veracidad de este hecho, pero coinciden en que esta práctica se originó en las expresiones de esta cultura. Posteriormente, los romanos añadieron rituales de “limpia y purificación”, y cuando la tradición llegó a América, la prensa de antaño asoció el Año Nuevo con reflexión y nuevas metas.
¡Feliz 2026!
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