El siniestro ocurrido el 29 de diciembre de 2001 marcó la historia de Lima. Hoy se recuerda a las víctimas y se refuerza el llamado a la seguridad en espacios públicos.
El 29 de diciembre de 2001, Lima vivió una de las tragedias más dolorosas de su historia reciente: el incendio en la zona comercial de Mesa Redonda, que se originó por la deflagración de fuegos artificiales almacenados de manera precaria en una galería del jirón Andahuaylas.
La explosión en cadena desató un fuego que arrasó con decenas de locales y atrapó a cientos de personas que realizaban compras de fin de año. El caos se extendió rápidamente por las calles estrechas y abarrotadas de comerciantes y compradores.
El siniestro dejó un saldo devastador: más de 400 muertos y desaparecidos, además de graves pérdidas materiales. La magnitud del desastre convirtió a Mesa Redonda en un símbolo de duelo nacional.
Las imágenes de aquel día mostraron el colapso de las galerías, el humo cubriendo el centro de Lima y la desesperación de las familias que buscaban a sus seres queridos entre los escombros.
El incendio puso en evidencia la falta de control sobre la venta de pirotécnicos y las deficientes condiciones de seguridad en las zonas comerciales de alta concurrencia.
Cada año, familiares de las víctimas, sobrevivientes y comerciantes se reúnen en la zona para rendir homenaje a quienes perdieron la vida, manteniendo viva la memoria de la tragedia.
A pesar del tiempo transcurrido, los deudos continúan reclamando justicia y reparaciones que nunca fueron plenamente otorgadas. La falta de reconocimiento oficial ha sido señalada como una deuda pendiente con las víctimas y sus familias.
Hoy, al cumplirse 24 años del incendio, la memoria de Mesa Redonda sigue siendo un recordatorio de la importancia de la prevención de riesgos y del control de la venta informal de productos peligrosos.
Las autoridades municipales y el Cuerpo General de Bomberos han reiterado que diciembre es uno de los meses con mayor número de emergencias, y que la experiencia de Mesa Redonda debe servir como lección permanente.
La tragedia también marcó un antes y un después en la conciencia ciudadana. Muchas familias reconocen que la informalidad y la falta de control fueron factores determinantes en la magnitud del desastre.
Por ello, la memoria colectiva insiste en que la seguridad no puede ser descuidada en nombre del comercio o la tradición festiva. La prevención es la única garantía para evitar que hechos similares vuelvan a repetirse.
El aniversario número 24 del incendio de Mesa Redonda es un llamado a no olvidar. La memoria de las víctimas y el compromiso con la seguridad ciudadana deben guiar las acciones para que tragedias como la de 2001 nunca vuelvan a repetirse.
