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Artículo de opinión
Han transcurrido ya muchas décadas desde que el Reino de Marruecos, siguiendo los mecanismos de solución pacífica de controversias previstos por el Derecho Internacional y el Sistema de las Naciones Unidas, solicitó que se pusiera fin a la presencia española en su territorio.
Gracias a una persistente y constructiva labor de su Cancillería, liderada por los monarcas que se sucedieron en la conducción del país, al día de hoy se han producido sustantivos avances en el reconocimiento de los derechos soberanos de Marruecos sobre sus provincias en el Sahara occidental.
Las ciudades del Sáhara marroquí disfrutan de una dinámica de desarrollo palpable y sus poblaciones eligen a sus representantes locales, regionales y nacionales. Esa realidad incluye una dinámica diplomática y económica concreta: más de treinta países, procedentes de cuatro continentes, han abierto consulados generales en las ciudades del Sáhara marroquí y otros más, como el Perú, han anunciado que lo harán.
Tan importante presencia consular representa el reconocimiento político y económico de la soberanía de Marruecos y también un claro mensaje de confianza en la estabilidad, el desarrollo y las oportunidades económicas que ofrece el Reino y, en particular, el Sáhara marroquí, que se ha convertido en un espacio cada vez más atractivo para el comercio, la inversión y la cooperación regional.
De no haberse presentado a mediados de los años 70 la ambiciosa y artificial pretensión de Argelia sobre los territorios reivindicados décadas antes por Marruecos, el real progreso social y económico que hoy existe en el Sahara marroquí sería aún mayor y, sobre todo, no se habría producido la lamentable situación de índole humanitaria que afecta a centenares de personas retenidas contra su voluntad y en condiciones infrahumanas en los campamentos de Tinduf, existentes en territorio argelino.
El país del este de Marruecos ha impedido que se realice el censo de la población retenida en tales campamentos. Con ello ha bloqueado la posibilidad de que se identifiquen y satisfagan las reales necesidades de dicha población y logrado que la ayuda humanitaria internacional sea desviada hacia fines totalmente ajenos.
En octubre de 2025, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 2797, que reconoce que el plan de autonomía bajo soberanía marroquí de sus provincias del Sur es la única solución sobre la mesa de negociaciones.
Es de esperar que en los próximos días se apruebe una nueva resolución del Consejo de Seguridad que signifique un paso adelante en la solución de un conflicto artificial que ya se ha prolongado demasiado.
