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El doctor Carlos Siverio Llosa, especialista de Oftálmica Clínica de la Visión, alertó que no todas las gotas oftalmológicas tienen la misma composición ni cumplen la misma función. Por ello, utilizar un producto sin conocer su contenido o sin determinar qué está ocasionando la molestia puede agravar el cuadro o retrasar el diagnóstico de una enfermedad ocular.
Recordó que la picazón, el enrojecimiento, la irritación o la sensación de sequedad ocular son molestias frecuentes que pueden aparecer ante factores cotidianos como la contaminación, los cambios de clima, la exposición al polvo o el uso prolongado de pantallas. Frente a estos síntomas es común buscar una solución rápida y utilizar gotas recomendadas por un familiar, amigo o conocido, bajo la idea de que, si le funcionaron a otra persona, también podrían aliviar nuestro malestar, pero no es lo correcto.
“Una gota que le hizo bien a una persona no necesariamente tendrá el mismo efecto en otra porque el tratamiento depende de la causa que está originando la molestia”, advirtió.
Explicó que uno de los principales riesgos de esta práctica es que el paciente no siempre puede diferenciar entre una lágrima artificial y un medicamento que contiene sustancias que requieren indicación y supervisión médica.
Además del riesgo de utilizar un tratamiento que no corresponde, compartir un mismo frasco puede favorecer la contaminación del aplicador y la transmisión de microorganismos. Esto puede ocurrir cuando la punta entra en contacto con las pestañas, los párpados o secreciones oculares.
Por ello, las gotas y ungüentos oftalmológicos deben ser de uso personal, incluso entre miembros de una misma familia. No todas las gotas oftalmológicas tienen la misma composición ni están indicadas para las mismas condiciones. Utilizar un producto sin evaluación médica puede agravar una enfermedad ocular o retrasar el tratamiento adecuado.
