Un severo terremoto de magnitud 7.7 en la isla de Flores, al este de Indonesia, provocó la muerte de 68 personas, causó heridas a 213 residentes y obligó a 9,963 pobladores a abandonar sus hogares, de acuerdo con el balance oficial actualizado por las autoridades.
La Agencia Nacional de Mitigación de Desastres (BNPB) informó que miles de afectados pernoctan en albergues temporales y refugios improvisados en la provincia de Nusa Tenggara Oriental, mientras las unidades de rescate continúan las labores de búsqueda entre los escombros sin un registro oficial de desaparecidos.
Frente a la magnitud del desastre, el gobierno provincial declaró el estado de emergencia por 14 días para articular la atención humanitaria con el nivel central.
Réplicas persistentes, impacto en infraestructura y asistencia
La inestabilidad tectónica en la región se mantiene crítica tras registrarse cerca de un millar de réplicas, destacando un nuevo temblor de magnitud 5.7 reportado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
Reportes difundidos por la Agencia de Coordinación de Ayuda Humanitaria de las Naciones Unidas detallan la destrucción total de 914 viviendas, además de daños severos en 93 centros educativos, 36 establecimientos de salud y tramos viales en distritos como Ende.
Paralelamente, organizaciones internacionales alertaron sobre la vulnerabilidad de más de 8,000 menores ante la pérdida de sus viviendas y escuelas. En el plano diplomático, el gobierno de China ofreció apoyo humanitario, al tiempo que el papa León XIV envió un mensaje de solidaridad a las comunidades afectadas en la isla.
