El Gobierno de Guatemala ordenó el reforzamiento inmediato de la presencia militar en la frontera con Honduras, luego de que las fuerzas de seguridad repelieran una violenta incursión de un comando armado procedente del país vecino.
El ataque terrorista, perpetrado en el caserío San José Las Lágrimas -una zona rural del municipio de Esquipulas, en el departamento de Chiquimula-, se saldó con la muerte de un campesino local y la destrucción total de una docena de viviendas.
El presidente guatemalteco, Bernardo Arévalo de León, confirmó que una columna de vehículos blindados ingresó ilegalmente al territorio nacional y fue rechazada mediante el uso de fuego defensivo por parte de las patrullas fronterizas, obligando a los agresores a replegarse hacia el lado hondureño.
El mandatario vinculó directamente esta escalada de violencia con las operaciones de organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico internacional que disputan el control de los corredores fronterizos.
Ante la gravedad de la situación, el ministro de la Defensa Nacional, Henry Sáenz, dispuso el despliegue permanente de unidades de infantería y de fuerzas especiales «Kaibiles» con el objetivo de estabilizar la jurisdicción y garantizar la soberanía territorial.
Los testimonios de los residentes locales, como el de la ciudadana Juaquina García, reflejan el impacto humanitario de la agresión; los atacantes desalojaron de forma violenta a las familias bajo amenazas de muerte antes de proceder a incendiar sus propiedades inmuebles.
Por su parte, la portavoz de la institución armada, Pamela Figueroa, informó que se han intensificado de forma coordinada los patrullajes a pie, motorizados y los puestos de control técnico en toda la línea de demarcación, brindando adicionalmente asistencia médica y soporte psicológico primario a los pobladores que experimentaron crisis nerviosas severas a causa de los enfrentamientos.
