Artículo de opinión por María del Pilar Tello
La reciente visita de Donald Trump a Xi Jinping en Pekín tuvo una enorme carga simbólica y estratégica, aunque produjo pocos acuerdos concretos. Logró consolidar una idea fundamental: Estados Unidos y China se reconocen recíprocamente como las dos grandes potencias que disputan la conducción del siglo XXI.
Aunque América Latina no apareció públicamente como tema central, resulta difícil imaginar que haya estado ausente de conversaciones donde se discutieron el dominio de la inteligencia artificial, el comercio, la seguridad internacional y las zonas de influencia. La preocupación de Washington por la creciente presencia china en América Latina es explícita y forma parte de la doctrina hemisférica impulsada por Trump.
interpretar lo que significa para América Latina: el retorno de una confrontación geopolítica por la influencia sobre la región, es indispensable sobre todo porque se concentra en el terreno tecnológico y en el de los datos.
La respuesta latinoamericana no debería ser elegir el alineamiento automático entre dos gigantes ni tomar partido en las confrontaciones específicas. Nos toca construir capacidades propias, fortalecer la integración y desarrollar una visión común sobre inteligencia artificial, datos y soberanía digital.
Ni Washington ni Pekín. El desafío es más complejo y trascendente: decidir si América Latina se convertirá en un bloque integrado para resistir las ambiciones bipolares. Y si tendremos estadistas que así lo vean.
