Por Ángel Delgado Silva- Artículo de opinión
¡Qué mayor estupidez política que destituir a un Presidente careciendo de una alternativa superior!. Lo que para cualquier chofer es evidente: ¡no cambiar la llanta sin tener la de repuesto lista!, no lo fue, sin embargo, para los congresistas de derecha, esos que se arrogan la defensa de la Constitución, la democracia y las libertades públicas. Objetivamente, tan celosos guardianes del ciudadano, fallaron estrepitosamente. Porque, luego de librarse de Jerí (merecido), han entregado el Gobierno, no a un octogenario con mil atingencias, sino a un partido político en serio, estructurado, que se reclama marxista-leninista, con estrategia de poder, conexiones internacionales, adscrito al Foro de Sao Pablo y con un liderazgo hábil y acucioso de clara visión política, así disguste a muchos.
Perú Libre y sus comités directivos tendrán las claves del manejo estatal en la próxima coyuntura, donde lo importante son las elecciones y no los asuntos gubernamentales, dado lo escaso del tiempo político. En ese sentido ha sido astuta la propuesta de Hernando de Soto como premier. Como lo es el gabinete presidido por la Eco. Miralles, que allende “la repartija acuñista”, ofrece un elenco de bajo perfile tecnocrático, para no producir sobresaltos ni temores. Ello tranquilizará las aprensiones de la opinión pública, que Balcázar pudiera suscitar. ¡De eso se trata!.
En tanto, la dirección política oficialista apuntaría a un proceso electoral, donde casi el 50% de votantes no define preferencias y la campaña no prende, precisamente por estas distracciones. Lo que se dijo el 2021, sobre el papel de ONPE y el gobierno de Sagasti, cobraría ahora mayor proporción e intensidad.
¿Será posible revertir este error descomunal e infinito por los partidos de la democracia?. Hay un peligro evidente para la República si repetimos la historia con un Pedro Castillo 2.0. Aunque en circunstancias más agudas y letales. Pero ¿será realista esta exigencia política y moral, para salvar al Perú?. Aquí vemos una tremenda dificultad. La más grave consecuencia de la designación del Presidente encargado, ha sido la insondable fractura del campo democrático, a punto que la pueda tornar irreversible.
Mientras la izquierda, radicales y caviares de todos los pelajes, celebran y se sienten envalentonados, confiando que lo sucedido sea el preámbulo de su triunfo en abril y junio, en la derecha acontece todo lo contrario. ¡Qué lejos estamos de los días que se hablaba de una candidatura unitaria!. No solamente se han disipado esas ilusiones. La acrimonia mutua desata una fratricida violencia, sorprendente e inimaginable. Y después de Balcázar ésta se ha agudizado. Las recriminaciones imputándose las culpas, con los peores agravios, hacen improbable algún tipo de entendimiento ulterior. Luego de motejarse de delincuentes y mafiosos. ¿Cómo concertar un apoyo o política común frente a la irrupción izquierdista?. Un enorme desafío, sin respuesta contundente todavía.
