La Corte Suprema de Brasil dictó una sentencia histórica al condenar a los hermanos Chiquinho y Domingos Brazão como los autores intelectuales del asesinato de la concejala Marielle Franco y su conductor, Anderson Gomes, ocurrido en 2018.
El fallo de la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal (STF) establece una pena de 76 años y tres meses de prisión para cada uno, tras hallarlos culpables de doble homicidio, intento de homicidio y organización criminal en un proceso que marca un hito en la lucha contra la impunidad de las mafias políticas en Río de Janeiro.
Un crimen con trasfondo político y social
El tribunal determinó que el asesinato fue motivado por intereses políticos y económicos, ya que el activismo de Franco representaba un obstáculo para los intereses de los condenados en el Concejo Municipal y otras esferas de poder.
Los magistrados subrayaron que el ataque estuvo marcado por componentes de racismo y misoginia, enviando un mensaje de intimidación hacia otros dirigentes del Partido Socialismo y Libertad (PSOL). La ejecución, realizada con una subametralladora en el centro de Río de Janeiro, segó la vida de una de las voces más prominentes en la defensa de los derechos humanos y las minorías en Brasil.
El proceso judicial arrojó resultados diversos para los implicados de alto perfil, donde Chiquinho y Domingos Brazão recibieron la pena máxima por planificar el atentado desde sus posiciones en el Congreso y el Tribunal de Cuentas, mientras que el ex-jefe de la Policía Civil, Rivaldo Barbosa, fue absuelto del doble homicidio por falta de pruebas directas, aunque resultó condenado por obstrucción a la justicia y corrupción al acreditarse que entorpeció las investigaciones iniciales para favorecer la impunidad de los hermanos.
Asimismo, otros dos acusados vinculados a la estructura logística del crimen recibieron sentencias condenatorias, consolidando una decisión que sanciona tanto a la élite política que orquestó el plan como a los colaboradores que facilitaron su ejecución y posterior encubrimiento ante las autoridades.
Impacto en la lucha contra la impunidad
Este veredicto se considera un hito judicial en un país donde la violencia política ha cobrado cientos de víctimas entre activistas y autoridades electas en las últimas décadas.
Al sancionar a los cerebros detrás del ataque, el sistema de justicia brasileño busca frenar la influencia de los grupos criminales en las instituciones públicas y fortalecer la legitimidad democrática del Estado, cerrando un capítulo de casi ocho años de incertidumbre y exigencia de justicia a nivel global.
