Por Alfonso Velásquez Tuesta
candidato Diputado por Lima
Número 12
Artículo de opinión
Cada 13 de enero, San Juan de Lurigancho celebra un nuevo aniversario. No es una fecha cualquiera. Es el recordatorio de que estamos ante el distrito más grande y poblado del Perú, un territorio que concentra como pocos la energía, las dificultades y, sobre todo, las oportunidades del país real.
San Juan de Lurigancho no es solo una enorme extensión urbana. Es trabajo diario, es emprendimiento, es esfuerzo familiar. Aquí viven cientos de miles de peruanos que no esperan soluciones mágicas, sino condiciones justas para salir adelante. Quien recorre sus barrios lo percibe de inmediato: talleres, pequeños negocios, servicios, ferias, mercados y una intensa vida económica que muchas veces funciona pese al Estado, no gracias a él.
Este distrito es un verdadero semillero de emprendedores. Pero también refleja uno de los grandes problemas nacionales: la lentitud burocrática que frena la formalización, desalienta la inversión pequeña y castiga al que quiere hacer las cosas bien. Abrir un negocio, obtener una licencia o cumplir con todos los requisitos suele convertirse en una carrera de obstáculos que empuja a muchos a la informalidad.
San Juan de Lurigancho demuestra que el Perú productivo ya existe, pero necesita un Estado que acompañe y no estorbe. Aquí hay un enorme potencial, especialmente en las mujeres organizadas en comedores populares y ollas comunes. Estas redes solidarias, fundamentales en los momentos más duros, pueden y deben dar el salto hacia el sector productivo, generando ingresos, empleo local y autonomía económica.

La inclusión social sostenible pasa necesariamente por la inclusión productiva. No se trata solo de asistencia, sino de crear capacidades, abrir mercados y facilitar la formalización. Desde el Parlamento, ese debe ser un objetivo central: ordenar las reglas del juego para que emprender sea una oportunidad y no un castigo.
San Juan de Lurigancho necesita un verdadero shock de simplificación administrativa. Trámites más rápidos, ventanillas únicas reales, procesos digitales eficientes, acceso al financiamiento y capacitación técnica orientada a la producción. Medidas concretas que conecten el esfuerzo popular con el mercado y con el crecimiento económico.
Este distrito también tiene una población joven enorme, creativa y con ganas de progresar. Si no se le abren caminos productivos, el país pierde talento. Si se le dan oportunidades reales, el Perú gana futuro.
Mi compromiso es claro y directo: legislar para el Perú que trabaja, produce y emprende. Para distritos como San Juan de Lurigancho, que no piden privilegios, sino reglas claras, respeto y oportunidades. Desde el Congreso, trabajaré para que la voz del emprendedor, de la mujer luchadora y del joven que quiere salir adelante se convierta en ley.
San Juan de Lurigancho no necesita discursos. Necesita decisiones. Y este 13 de enero, en su aniversario, reafirmo mi convicción de que su fuerza popular puede y debe convertirse en desarrollo, orden y progreso para todo el Perú.
