Fuente: Experto Animal
Los estallidos de fuegos artificiales pueden sonar como explosiones pegadas al oído humano para un perro, provocando miedo, estrés y daños auditivos.
Cada diciembre, las celebraciones de Navidad y Año Nuevo se llenan de luces y sonidos, pero para los perros y otras mascotas, la pirotecnia se convierte en una verdadera tortura. Según especialistas, su oído es hasta cuatro veces más sensible que el de los humanos, lo que hace que cada explosión se perciba como un estallido pegado directamente al oído.
La Asociación Peruana de Protección a los Animales advierte que los fuegos artificiales pueden alcanzar hasta 190 decibeles, un nivel que supera ampliamente el umbral de dolor auditivo. Esto provoca desorientación, ataques de pánico, vómitos y taquicardia en los perros, además de un riesgo real de daño permanente en su audición.
Los veterinarios señalan que los efectos no son solo físicos, sino también emocionales. Muchos perros desarrollan ansiedad crónica asociada a estas fechas, llegando a esconderse, intentar escapar o buscar desesperadamente la cercanía de sus dueños para sentirse seguros.
En Perú, diversas organizaciones animalistas han lanzado campañas de concientización para reducir el uso de pirotecnia. Además, algunos municipios han empezado a regular la venta y uso de artefactos explosivos, promoviendo alternativas más seguras como los fuegos artificiales silenciosos, que generan espectáculo visual sin impacto sonoro.
Los especialistas recomiendan medidas de protección para las mascotas durante estas festividades: mantenerlas en espacios cerrados y tranquilos, usar música relajante para enmascarar los ruidos, y en casos extremos, consultar al veterinario sobre el uso de productos ansiolíticos o feromonas que ayuden a reducir el estrés.
La educación ciudadana es clave para cambiar esta tradición. Si bien la pirotecnia forma parte de las celebraciones, es necesario reconocer que afecta no solo a los animales, sino también a personas con condiciones especiales, como adultos mayores, bebés y personas con trastornos del espectro autista, quienes sufren con los ruidos intensos.
En definitiva, el Día de Navidad y Año Nuevo puede ser una fiesta para todos si se opta por alternativas responsables. La reducción del uso de pirotecnia sonora es un paso hacia una celebración más inclusiva, que respete la salud y el bienestar de las mascotas y de la comunidad en general.
La pirotecnia no solo ilumina el cielo, también puede convertirse en un tormento para quienes tienen un oído más sensible. Proteger a los perros y promover celebraciones responsables es un compromiso que debe asumirse colectivamente, para que la alegría de las fiestas no se convierta en sufrimiento.
