Por Valeria Cavero- Especial por Navidad
Además de Papá Noel, los bastones de caramelo y los muñecos de nieve, uno de los personajes más frecuentes en la decoración navideña (y como adorno en sí mismo) es el adorable cascanueces. Hablamos de un pequeño centinela de madera, ataviado con uniforme tradicional. Presenta una postura firme, ojos expresivos y el elemento que le otorga su nombre: Una boca capaz de cerrarse con fuerza y romper cáscaras de nuez. Más que un objeto utilitario, hoy reconocemos al cascanueces como parte del imaginario de los días festivos.
La literatura adaptada al ballet
En 1816, el escritor y jurista alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, publicó el cuento “El cascanueces y el rey de los ratones”. Cuenta la historia de un muñeco de madera que la pequeña Clara Stahlbaum recibe en Navidad. Esta cobra vida mágicamente, y acompaña a su dueña a un reino de ensueño, habitado por otros juguetes. En 1851, el literato Heinrich Hoffmann publicó otra versión del cuento, con ilustraciones que inspiraron al artesano alemán Friedrich Wilhelm Füchtner. Hacia 1870, Füchtner diseñó y talló en serie figuras del cascanueces moderno, tradición que su familia mantiene 6 generaciones después.
En 1891, Iván Vsévolozhsky, entonces director del Teatro Mariinsky, encargó un ballet de dos actos al legendario compositor Piotr Ilich Chaikovski. La música acompañó al libreto que escribieron Vsévolozhsky y el maestro de danza Marius Petipa, basándose en la adaptación de Alejandro Dumas del cuento de E.T.A. Hoffmann, publicada en 1844. La coreografía fue desarrollada por el bailarín Lev Ivánov. “El cascanueces” se estrenó en 1892, en el mencionado teatro, ubicado en San Petersburgo. Desde entonces, se considera un espectáculo clásico de la semana navideña.
El cuento “El cascanueces y el rey de los ratones” ha tenido, además de adaptaciones literarias, múltiples reediciones, incluyendo la de Editorial Alma, que incluye notas sobre el relato; la de Editorial Bululú, con la historia adaptada por María Canosa; la de Editorial Blume, en tapa dura e ilustrada por el renombrado pintor Robert Ingpen, entre otras. La figura en sí misma es recurrente en manteles, servilletas y otros artículos de hogar que se comercializan a fin de año.
Por su parte, organizaciones artísticas presentan el ballet en diferentes partes del mundo. Este año, el Ballet Clásico de San Petersburgo llegará al Perú para interpretar la pieza en dos funciones (13 y 14 de diciembre) en La Cúpula de las Artes, en Santiago de Surco.
