Fuente: Servindi
Por Valeria Cavero- Nota Especial
Un día como hoy, murió uno de los hombres que forjó el camino del indigenismo en la literatura. Natural de Andahuaylas, José María Arguedas volcó su sensibilidad artística en palabras de reivindicación para la multiculturalidad en el Perú. Su voz, debilitada con los maltratos que sufrió en la infancia, encontró un nuevo vigor en el vasto folclore de la cultura quechua. Los dueños de aquellas identidades le ofrecieron un refugio, así que él se convirtió en su portavoz.
Precursor de las identidades peruanas
De acuerdo al Centro Cultural Inca Garcilaso, quedar huérfano de madre con apenas tres años fue el evento que marcó su trayectoria como escritor. La nueva esposa de su padre sentía desprecio por él, por lo cual lo alejó de la vida familiar y lo envió a juntarse con los sirvientes de la hacienda. Creció rodeado del personal de la cocina, los campesinos y otras personas de cuna indígena quechua, hasta ser separado de ese mundo en la adolescencia. Por su origen y forma de hablar español, sufrió discriminación durante su educación secundaria, hechos plasmados en su novela autobiográfica “Los ríos profundos” (1958).
Arguedas dedicó su educación superior a registrar las manifestaciones culturales que lo envolvieron, con la intención de presentarlas al Perú y el mundo como dignas de admiración y respeto. Ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en la Facultad de Letras, donde se recibió en Literatura. Se instruyó además en el Instituto de Etnología y Arqueología de la UNMSM. Sus trabajos etnográficos evidencian el esfuerzo aplicado al recopilar la música, literatura y artesanía propia de la cultura andina.
Fue también un apasionado docente escolar, caracterizado por impulsar proyectos educativos como la revista Pumaccahua, que publicó junto a sus alumnos de secundaria del colegio Mateo Pumacahua Sicuani. Según el portal Memoria Perú, Arguedas “promovió la educación bilingüe y destacó la importancia del juego, canto y baile para la formación espiritual e intelectual”.
La tristeza y el fin de un maestro
El “Tayta” (“padre” en quechua), como se le llamaba cariñosamente, fue cuentista, novelista, ensayista y periodista. es autor de la antología “Agua” (1935); “Yawar Fiesta” (1941); “Todas las sangres” (1964) y “El Sexto” (1961), un testimonio ficcionalizado en la que plasma el calvario que vivió en carne propia durante su encierro en el penal homónimo, durante la dictadura de Óscar R. Benavides. Su último libro “El zorro de arriba y el zorro de abajo” (1971), publicado póstumamente, se considera su creación más íntima, al fusionar la novela con el diario personal.
Lamentablemente, la alegría y propósito que halló en la cultura andina no pudo imponerse a la depresión que lo atormentaba, posiblemente desde la infancia. Devastado por las críticas a “Todas las sangres”, escribió: “No tengo nada que hacer ya en este mundo”. Falleció en 1969, días después de su último intento de suicidio. Con melodías de arpa y violín, acompañadas de la energía de danzantes de tijeras, el Perú despidió a uno de sus mayores exponentes culturales.
