Foto: composición PerúInforma
Cada 22 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Tartamudez, una condición que afecta a más de 70 millones de personas en el mundo. En Perú, más de 24 mil casos han sido registrados en los últimos años. ¿Qué sabemos sobre su diagnóstico, tratamiento y carga emocional?
La tartamudez, también conocida como disfemia, es un trastorno de la comunicación que se manifiesta por interrupciones involuntarias en la fluidez del habla: repeticiones, bloqueos o alargamientos de sonidos. Aunque no afecta la capacidad intelectual, sí puede generar consecuencias emocionales profundas en quienes la viven.
Desde 1998, cada 22 de octubre se celebra el Día Internacional de la Tartamudez, también llamado Día Internacional de la Conciencia del Tartamudeo. La fecha fue establecida por la International Stuttering Association (ISA), con apoyo de la International Fluency Association (IFA) y la Liga Europea de Asociaciones de Tartamudez, con el objetivo de promover la comprensión, el respeto y la inclusión de las personas que tartamudean.
Según datos de la organización STAMMA del Reino Unido, la tartamudez afecta a 70 millones de personas en el mundo, lo que equivale al 1% de los adultos y al 8% de los niños. En Latinoamérica, se estima que más de 5 millones de personas conviven con esta condición, aunque la cifra puede ser mayor debido a la falta de diagnóstico y estigmas sociales.
En Perú, el Ministerio de Salud (MINSA) reportó 24.461 casos entre 2021 y 2023, según el sistema estadístico HISMINSA. Solo en 2024 se registraron más de 7.700 nuevos casos, con énfasis en niños y adolescentes.
La tartamudez es más frecuente en menores de edad, especialmente entre los 2 y 5 años, cuando el sistema fonético aún está en desarrollo. En muchos casos, estos episodios son transitorios. Sin embargo, cuando persisten más allá de los 6 años, pueden requerir intervención especializada.
En cuanto al género, los estudios indican que la tartamudez afecta a los hombres en una proporción de 4 a 1 respecto a las mujeres. Esta diferencia se atribuye a factores neurológicos y hormonales, aunque también influye el entorno social y la respuesta emocional frente al habla.
La tartamudez puede tener causas genéticas, neurológicas y emocionales. Se diagnostica mediante evaluación clínica por un fonoaudiólogo o terapeuta del lenguaje, quien analiza el historial del paciente, su entorno y las situaciones en las que se presenta la disfluencia.
Aunque no existe una “cura” definitiva, sí es tratable. Las terapias de fluidez, técnicas de respiración, apoyo psicológico y ejercicios de ritmo verbal han demostrado eficacia. En niños, la intervención temprana puede reducir significativamente los síntomas. En adultos, el tratamiento se enfoca en mejorar la confianza comunicativa y reducir la ansiedad.
En Perú existen varios centros que ofrecen tratamiento especializado:
• Centro Renzulli (Lima): Terapia de fluidez, apoyo emocional y sesiones personalizadas
• Centro Especializado en Tartamudez (San Isidro): Evaluación multidisciplinaria, talleres grupales y asesoría a familias
• Asociación Peruana de Tartamudez (APT): Grupos de apoyo mutuo, cursos para profesionales y actividades comunitarias
Diversas investigaciones han abordado el impacto emocional de la tartamudez en el país:
• Un estudio de la PUCP analizó la experiencia universitaria de jóvenes con tartamudez, revelando sentimientos de aislamiento, ansiedad y estrategias de afrontamiento simbólicas
• En San Miguel, Lima, una tesis de la Universidad Autónoma de Ica identificó niveles elevados de ansiedad y depresión en personas con tartamudez, especialmente en contextos laborales y sociales
• En Tacna, otro estudio exploró el afrontamiento social en adultos, destacando la importancia del acompañamiento familiar y la validación emocional
La Fundación Americana de la Tartamudez y la Asociación de la Tartamudez de Cataluña (ATCAT) ofrecen pautas para acompañar a personas con tartamudez:
• No interrumpir ni completar sus frases
• Evitar correcciones, burlas o presión para “hablar bien”
• Crear espacios tranquilos y seguros para conversar
• Hablar con calma y usar frases sencillas
• Validar sus emociones y celebrar sus logros comunicativos
La tartamudez no define a quien la vive. Es una forma distinta de habitar el lenguaje, de resistir el ritmo impuesto y de construir sentido desde la pausa. Este 22 de octubre, el Día Internacional de la Tartamudez nos invita a escuchar con empatía, hablar con respeto y acompañar con ternura.
Porque a veces, lo más valiente no es decirlo todo, sino seguir intentando decirlo.
