La piedra angular de la coyuntura nacional está constituida por masivas protestas sociales, que en su mayoría reúnen a adultos jóvenes de la población, que inundaron las calles en protesta a medidas autoritarias y la rampante inseguridad que propició el gobierno de Dina Boluarte, hoy reemplazada por el presidente interino José Jerí. No resulta sorpresiva la declaración de estado de emergencia, y la posibilidad de un toque de queda, apoyado por las fuerzas militares.
Sin embargo, aunque se admite la justa aplicación de la medida, no se omite la discusión sobre sus efectos en la economía nacional. En representación del sector turístico, Farah Choy, vicepresidenta de la Asociación Peruana de Operadores de Turismo Receptivo e Interno (Apotur), expresó sus inquietudes antes dichas repercusiones.
Aunque reconoce que se reforzaría la seguridad en zonas turísticas, Choy señaló que un toque de queda “limita las libertades de movimiento, lo que afecta la experiencia y los planes del visitante” y “generaría un impacto económico negativo en la industria del turismo, en las operaciones en los hoteles, restaurantes y afines”. La percepción de inseguridad, además, puede afectar las cifras de visitas.
