El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvo este lunes una videoconferencia con su homólogo estadounidense, Donald Trump, en un significativo gesto que marca un giro en las relaciones bilaterales tras meses de fricciones por la imposición de aranceles y sanciones. El diálogo duró cerca de 30 minutos y se desarrolló en un tono cordial.
El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, calificó el encuentro como “positivo” y adelantó que la Presidencia brasileña difundirá los detalles en un informe oficial. La reunión virtual contó también con la participación del canciller Mauro Vieira, el vicepresidente Geraldo Alckmin, el asesor Celso Amorim y otros miembros del Gabinete.
De acuerdo con fuentes oficiales, el objetivo principal de Lula fue solicitar el levantamiento de los aranceles de hasta el 50% aplicados a ciertos productos brasileños. Además, pidió la eliminación de medidas coercitivas unilaterales que afectan a ministros y jueces del Supremo Tribunal Federal (STF).
Esta última demanda se produce después de que el STF enjuiciara y declarara culpable de golpismo al exmandatario de ultraderecha Jair Bolsonaro. La Casa Blanca había utilizado previamente los aranceles como una herramienta de presión en el marco de las investigaciones judiciales contra Bolsonaro por su papel en el intento de golpe de Estado de 2023.
Durante la conversación, Lula y Trump recordaron la buena sintonía de su encuentro anterior en Nueva York durante la Asamblea General de la ONU. El jefe de Estado brasileño subrayó que Brasil es uno de los pocos países del G20 con los que Washington mantiene un superávit comercial, defendiendo la necesidad de recuperar una agenda de cooperación integral.
El presidente brasileño aprovechó la ocasión para invitar a Trump a reunirse en persona durante la próxima Cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) en Malasia, y reiteró su invitación para que el líder estadounidense asista a la COP30, que se celebrará en Belém, estado de Pará, en noviembre de 2025. Lula también dejó abierta la posibilidad de viajar a Estados Unidos en los próximos meses.
Por su parte, Trump designó al secretario de Estado, Marco Rubio, para dar continuidad a las conversaciones con las autoridades brasileñas. Ambos mandatarios acordaron mantener una vía directa de comunicación tras intercambiar números de teléfono, sellando un canal de diálogo de alto nivel.
El diálogo representa un triunfo político para Lula, ya que rompe con la narrativa de la extrema derecha brasileña, que se había erigido en la principal interlocutora de Trump en la región a través de Eduardo Bolsonaro, hijo del exmandatario. Eduardo Bolsonaro se encuentra actualmente en EE. UU. y ha estado cabildeando para que Washington imponga más medidas de presión sobre Brasil.
La reunión abre una nueva etapa en la compleja negociación de los aranceles y las sanciones, marcando el inicio de la normalización de la relación bilateral.
