En el festival impulsado por la Red de Jóvenes de Lares, se destacó el compromiso con la conservación de los recursos genéticos y la biodiversidad agrícola.
En la comunidad campesina de Rosaspata, en el distrito de Lares, Cusco, se celebró el III Festival del Muhu Raymi, una conmemoración andina que pone en valor la conservación del legado genético y la biodiversidad agrícola.
Durante el encuentro, el director de Recursos Genéticos, David Castro, destacó que se promueven “mecanismos de reconocimiento e incentivos para los guardianes de la agrobiodiversidad”, lo que permite mantener vivos los procesos ecológicos y evolutivos de la agricultura y preservar un legado milenario a través de las semillas nativas.
Un encuentro de tradición y juventud
El festival, organizado por la Red de Jóvenes por la Agrobiodiversidad de Lares (RJAL), reunió a delegaciones juveniles de Apurímac, Cusco y Puno. En un espacio de profundo valor espiritual, se compartieron saberes ancestrales, se realizaron ofrendas a la Pachamama y se fortaleció el intercambio de semillas como un acto de reciprocidad y compromiso con la tierra.
Esta iniciativa, que en sus inicios fue liderada por un proyecto, ahora es impulsada por jóvenes de la región, buscando fortalecer el vínculo entre las comunidades, sus semillas y las deidades andinas en un contexto festivo que une tradición, identidad y conservación.
¿Qué es el Muhu Raymi?
El Muhu Raymi, o Fiesta de la Semilla, es una celebración ancestral que honra el ciclo de vida agrícola y el vínculo sagrado entre las comunidades, las semillas nativas y la Pachamama. A través de rituales, ofrendas e intercambio de semillas, se revaloran prácticas que fortalecen la identidad cultural y promueven la conservación de la agrobiodiversidad.
El evento, que se llevó a cabo el 1 de agosto, contó con la presencia de autoridades locales, sabios (yachaqs) y guardianes de semillas, quienes subrayaron el papel fundamental de la juventud en la continuidad de estas prácticas milenarias.
La ceremonia central incluyó el ritual del Haywarikuy, una ofrenda de gratitud a la Madre Tierra, y un intercambio simbólico de semillas. El festival culminó con una caminata ceremonial y la entrega simbólica de semillas a la Comunidad Campesina de Ccachin, anfitriona del próximo año, reafirmando el compromiso intergeneracional e intercomunal con la siembra, conservación y protección de las semillas como patrimonio vivo de los pueblos andinos.
