Foto: TreXperience
Por Valeria Cavero- Nota Especial por Navidad
Una maravillosa característica de las tradiciones navideñas es su versatilidad. Diversas comunidades en el mundo celebran su propia versión de la festividad cristiana, enriqueciéndola con elementos de sus culturas particulares. Este es el caso de la población de Cuzco. Los artesanos imaginaron flores en las alas de los ángeles, niños con trajes bordados y figuras del nacimiento ataviadas con chullos y ponchos, y los trajeron a la vida con suma destreza. Dicho talento deslumbra en el Santurantikuy (“venta de santos” en quechua), una de las ferias de artesanía más importantes y coloridas del año.
Los comienzos de la feria
De acuerdo a la página de Cocatambo Hotel, el Santurantikuy nació a partir de la llegada de tradiciones navideñas europeas a América, durante el siglo XVI, entre ellas la preparación del nacimiento. Con el crecimiento socioeconómico colonial, se estableció la venta de “arcones” (cajas navideñas con víveres) a monasterios, conventos y familias nobles. Según el portal turístico Cusco Perú, se tiene certeza de que inició como una forma de evangelizar a los pueblos indígenas.
Con la devoción al Niño Jesús, traída por la orden de los jesuitas en 1568, se popularizó la venta de figuras representativas. Esto se sumó a la venta de imágenes de santos católicos en la Catedral de Cuzco. El resultado fue un espacio comercial dedicado al arte religioso. La primera reseña escrita del Santurantikuy, propiamente dicho, data de 1834. En la actualidad, se reconoce como una festividad integrada durante la semana navideña.
Niños Manuelitos y otras obras de arte
De acuerdo a la tradición católica, otro de los nombres con los que se conoce al Niño Jesús es Emmanuel, el nombre profético de Cristo según el profeta Isaías. Esta denominación se castellanizó como “Manuel”, y quedó cariñosamente en el imaginario colectivo como “Manuelito”. La elaboración de Niños Manuelitos podría considerarse una especialidad artesanal, desarrollada y protegida por maestros como Antonio Olave Palomino quien, hasta su deceso en 2016, forjó una larga carrera tallando la imagen sagrada. Por más de dos décadas, Olave transformó pedazos de madera maguey en distintas variantes de la figura, como “el Dormidito”, “el Sentadito” y “el de la Espina”, su creación más icónica. Destacan también artistas veteranos como Abraham Aller y Juan Gálvez, este último conocido por las exquisitas vestimentas de plata que elabora para las imágenes.
Además de estas bellas variantes del Niño Dios, en Santurantikuy pueden encontrarse otros productos artesanales. Resaltan las representaciones completas de la escena de la Natividad, en su forma tradicional o alternativa. Los visitantes también pueden hallar plantas germinadas para su escenificación.
