La actividad minera constituye uno de los sectores con mayor consumo de energía debido a sus procesos continuos de alta exigencia, lo que sitúa a la eficiencia energética y a la transformación operacional como ejes centrales para su sostenibilidad y competitividad.
El desarrollo de este subsector es estratégico para la economía nacional, considerando que en 2024 representó el 9% del Producto Bruto Interno (PBI), concentró el 64.2% del valor de las exportaciones y registró inversiones por 5,002 millones de dólares, según datos del Ministerio de Energía y Minas (Minem).
Ante este panorama, la industria evalúa mecanismos para transicionar hacia modelos con una menor huella ambiental mediante la optimización de los sistemas de chancado, molienda, bombeo, ventilación y transporte, logrando de manera simultánea reducir costos operativos y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
En este proceso de reconversión industrial, la electrificación de las flotas de transporte y de los equipos móviles emerge como una solución clave para mitigar la dependencia de los combustibles fósiles, mejorando además las condiciones de seguridad en las operaciones subterráneas.
No obstante, el impacto ecológico de esta tecnología está condicionado a que el suministro eléctrico provenga de fuentes renovables, enfrentando actualmente desafíos técnicos asociados a la infraestructura de carga, la continuidad operativa y la capacitación del personal calificado.
Pamela Antonioli, gerente general del Hub de Innovación Minera del Perú, enfatizó que la transición energética efectiva no radica solo en la adopción masiva de herramientas, sino en validar en el campo soluciones alineadas con las demandas reales de cada unidad minera.
De este modo, la capacidad del sector para testear, adaptar y escalar propuestas innovadoras determinará su resiliencia futura en un mercado global que exige una producción cada vez más limpia.
