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La leptospirosis es una enfermedad infecciosa zoonótica causada por la bacteria Leptospira, un género de bacterias del orden de los espiroquetales, el cual incluye a un pequeño número de especies patogénicas y saprofitos. Las leptospiras son organismos muy delgados, difíciles de observar en un microscopio de luz corriente. Aunque se han descrito a más de 200 serotipos de leptospiras, todos ellos tienen características similares. Su característica apariencia es en forma de espiral 6-20 micras de largo y 0.1 micras de diámetro
Según el Centro de Control de Enfermedades (CDC) del Gobierno de los Estados Unidos, la leptospirosis puede afectar a los animales, entre ellos mascotas como perros y gatos, que luego pueden transmitírsela a las personas.
El contagio se produce por contacto directo con orina infectada o fuentes de agua contaminadas, especialmente al beber de fuentes de agua estancadas o de movimiento lento, como estanques, ríos, lagos o arroyos. También se genera por heridas causadas por mordeduras o daños en la piel causados por otros animales, incluidos roedores o animales de granja, así como por nacer de una madre infectada.
La leptospirosis tiene una variedad de síntomas en los animales, desde una enfermedad leve hasta insuficiencia orgánica o la muerte. El tratamiento generalmente ayuda a que los animales mejoren, pero el daño a los órganos causado por la leptospirosis puede ser permanente.
Si una mascota contrae leptospirosis o se sospecha que puede presentar la enfermedad, hay que llevarla de inmediato con un veterinario para el descarte respectivo y, de ser comprobado, comenzar el tratamiento lo antes posible.
Si el animal recibe el tratamiento de forma temprana con antibióticos, podría recuperarse más rápido y esto puede ayudar a prevenir daños graves en los órganos. También podrían necesitarse otros métodos de tratamiento, como diálisis y líquidos.
