El complejo arqueológico documentado en el valle de Chicama por investigadores del Programa Arqueológico Chicama revela una infraestructura de la sociedad Chimú (1100-1470 d.C.) que integra un geoglifo ritual, un templo con plaza ceremonial y un sistema agrícola de más de 100 hectáreas.
El hallazgo, liderado por Henry Tantaleán, es fundamental porque demuestra cómo las élites de la costa norte peruana articulaban la producción masiva de alimentos con la ritualidad religiosa y el control territorial mediante el uso de tecnología de punta como drones.
El geoglifo como camino ritual de dos kilómetros
El elemento más destacado es una estructura de alineación recta similar en técnica a las Líneas de Nasca que se extiende por dos kilómetros para conectar el asentamiento fortificado de Cerro Lescano con los campos de cultivo y el Cerro Tres Cruces.
Este diseño funcionaba como un camino ritual que unía hitos geográficos sagrados conocidos como apus locales, lo que evidencia que la organización del trabajo agrícola no solo era una imposición política, sino que estaba profundamente ligada a la cosmovisión andina y al paisaje simbólico de la región.
La investigación determinó que el sitio en el valle de Chicama supera las dimensiones de otros centros conocidos al incluir una plataforma cuadrangular de piedra de 40 por 50 metros orientada al norte frente a una plaza de 8.000 metros cuadrados.
Este espacio diseñado para rituales de masas se complementa con un paisaje agrícola de 100 hectáreas con surcos serpentiformes irrigados por el Gran Canal de la Cumbre, donde el hallazgo de azadas de piedra y muestras de suelo sugiere la producción intensiva de maíz, calabaza y frejol.
Riesgos y protección ante amenazas al patrimonio
El equipo investigador advirtió que el sitio se encuentra bajo una amenaza inminente debido a la construcción de torres de alta tensión y el crecimiento de actividades avícolas privadas que están destruyendo los vestigios originales.
Por esta razón, las labores se realizan bajo una modalidad de arqueología de emergencia para registrar digitalmente la mayor cantidad de información técnica antes de que el avance de la infraestructura moderna dañe irreparablemente el geoglifo y los campos de cultivo.
