Foto: PetNGo
Tal como sucede con los seres humanos, para las mascotas, el estrés tiene un severo impacto físico y emocional que suele pasar desapercibido. “Reconocer el estrés temprano y responder apropiadamente es esencial para el bienestar del animal” señaló Audra Jones, profesora del Texas A&M College of Veterinary Medicine & Biomedical Sciences, en conversación con el medio Newsweek. Enfocándose en perros y gatos, la especialista precisó algunas señales que ameritan atención de los dueños, así como formas de ayudar a nuestros queridos compañeros si están atravesando un cuadro médico de este tipo.
En animales domésticos, el estrés prolongado se asocia con aumentos de cortisol, hormona que controla diversos procesos fisiológicos. Cuando se produce en exceso, puede generar secuelas físicas como hinchazón del abdomen, caída del pelaje, y mal aspecto de la piel. Asimismo, aumenta la frecuencia cardíaca y debilita el sistema inmune. También incrementa el riesgo de enfermedades potencialmente mortales, como la diabetes.
Para las mascotas, los desencadenantes más comunes de estrés se vinculan con cambios o procesos poco predecibles, como una mudanza, un viaje, la llegada de una nueva mascota o una visita al veterinario. Esta última instancia suele resultar incómoda debido a la asociación con inyecciones, olores desconocidos y personas extrañas. “Los gatos y los perros pueden reaccionar de forma muy diferente a los cambios en su entorno, pero ambos necesitan sentir seguridad” , enfatizó Jones.
Señales de alerta
Durante un episodio de nerviosismo, las reacciones físicas más comunes son la falta de apetito, el lamido de nariz o labios y el bostezo frecuente. Asimismo, el animal puede temblar o incluso presentar incontinencia urinaria o fecal. En el caso de los perros, el estrés suele manifestarse como inquietud y jadeo excesivo. Por su parte, los gatos tienden a minimizar el contacto con el entorno, adoptando posturas defensivas o buscando escondites.
¿Cómo evitarlo?
Para mitigar un cuadro de estrés en nuestras mascotas, es necesario procurar un ambiente de calma. Evitar gritos y movimientos bruscos contribuye a ello. “Intenta reconocer qué hace sentirse insegura a la mascota y, cuando sea posible, elimina ese factor de su entorno”, recomendó la profesional. Para evitar un nuevo cuadro de estrés a largo plazo, el refuerzo positivo y la exposición gradual a situaciones nuevas o poco agradables son herramientas útiles.
Por último, en casos crónicos, se aconseja acudir lo antes posible a un veterinario, quien recetará el ansiolítico adecuado. En el caso de los gatos, la experta destacó la efectividad de las feromonas sintéticas.
