En este mes de octubre que se celebra la festividad del Señor de los Milagros como todos los años, las hermanas Clarisas Contemplativas realizan la producción y la venta del tradicional y delicioso turrón de Doña Pepa que es muy solicitado por su fiel clientela conocedores de su divino sabor.
Desde muy temprano, un grupo de hermanas de claustro se dedica a elaborar el dulce con gran cuidado luego de haber adquirido con sus propios recursos los ingredientes como sacos de harina, kilos de manteca, mantequilla, grageas dulces de colores y ellas mismas preparan la miel a base de frutas frescas.
Relatan que durante octubre todos los días desde que se levantan hasta que se retiran a descansar tienen como principal tarea mezclar la masa, hornear y envasar los turrones recién preparados para tener listo los pedidos que les vayan llegando.

Las hermanas Clarisas, se dedican a la vida contemplativa es decir a la oración y contadas veces pueden salir a la calle, por lo que su punto de venta principal es en el mismo monasterio por la puerta ubicada en la cuadra 4 de Jirón Jauja en Barrios Altos.
Nos cuentan que no reciben ninguna ayuda gubernamental y todo lo que ganan con los postres que preparan durante todo el año les sirve para el sustento de las religiosas que viven actualmente en el convento, entre ellas varias monjas de avanzada edad que necesitan cuidado especial y medicamentos.
Pero aparte de los turrones, desde el mes de noviembre ya empiezan la elaboración de los panetones por Navidad y durante todo el año preparan bocaditos a pedido, tortas para matrimonio, cumpleaños, bautizo, comunión y tanta wawas así como la confección de vestimenta religiosa, manteles y bordados.
Si usted quiere colaborar con las hermanas Clarisas adquiriendo los deliciosos turrones, panetones o hacerles pedidos de bocaditos, tortas o panes con sabor bendito para alguna ocasión especial puede dirigirse a Jirón Jauja 449 en Barrios Altos o comunicarse al celular 948325724, ellas pondrán todo su cariño para atenderlos y lo que recauden será para poder mantener el monasterio y sus principales necesidades de alimentación, salud, pago de servicios o también pueden apoyarlas realizando donaciones de víveres y telas para coser.
Así transcurre el día en el convento de clausura que inicia desde muy temprano cuando las hermanas se dividen las tareas para conservar impecable y bien cuidada la antigua y extensa construcción que data del año 1604 ya que siempre requiere de algún arreglo debido a su antigüedad.
Es así que deben hacer los quehaceres como cocinar, limpiar, lavar, cuidar la huerta, así como de los dos perritos que albergan y por supuesto rezar que es una de las actividades a la que más tiempo le dedican para mantener intacta su fe.
