La rotura de un ducto de gas natural en Megantoni (Cusco) ha desencadenado una crisis de desabastecimiento de Gas Licuado de Petróleo (GLP) a nivel nacional. El incidente no solo ha interrumpido el suministro, sino que ha expuesto la extrema fragilidad de la infraestructura energética peruana, provocando un aumento vertical de precios tanto en la capital como en las zonas más remotas del país.
La escasez ha golpeado con mayor dureza a las comunidades amazónicas de Cusco, donde el balón de gas ha pasado de costar S/90 a alcanzar los S/200 en las zonas más alejadas debido a las dificultades del transporte fluvial. En Lima, distritos como Breña, Jesús María y La Victoria reportan distribuidoras cerradas o con un stock reducido al 40% de su capacidad habitual, lo que ha elevado el precio del balón de 10 kg hasta los S/100 en el mercado informal.
Vulnerabilidades estructurales del sistema energético
Especialistas advierten que esta emergencia es el resultado de tres factores críticos que el Estado no ha resuelto:
- Concentración del suministro: El 65% del mercado depende de solo dos ductos, lo que convierte cualquier avería en un colapso logístico.
- Informalidad descontrolada: Cerca del 80% del mercado de GLP es informal, lo que facilita la especulación de precios durante las crisis.
- Falta de almacenamiento: El país carece de una reserva estratégica de combustible suficiente para amortiguar interrupciones prolongadas.
Más allá del desabastecimiento, los dirigentes de Megantoni denuncian un grave daño ambiental en el Santuario Nacional de Megantoni, reportando la desaparición de especies fluviales y riesgos a la salud por la inhalación de gases tras la deflagración. Una delegación de autoridades comunales viajará a Lima este martes para exigir a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) una mesa técnica que evalúe el impacto en la flora y fauna de la zona de amortiguamiento.
