Durante una reunión con su gabinete, Donald Trump se pronunció sobre los ataques a las “narcolanchas” que están surcando las aguas del Caribe, cerca de Venezuela, perpetrados por las fuerzas estadounidenses. Como resultado de estos operativos, activos desde el 2 de setiembre, unas 5 embarcaciones fueron destruidas, lo que provocó la muerte de al menos 21 personas, presuntamente vinculadas al narcotráfico. Trump dispuso un despliegue militar de más de 4,000 soldados, además de 8 buques de guerra y un submarino de ataque rápido de propulsión nuclear.
Aunque el Pentágono no ha detallado a la prensa el contenido de las lanchas interceptadas, el presidente alegó que eran «como un vagón de metro cargado de drogas» con suficiente sustancia para matar a “25,000 estadounidenses”. El republicano afirmó: “Hemos lanzado una campaña histórica para recuperar nuestra nación de las pandillas y los criminales callejeros, delincuentes reincidentes violentos, inmigrantes ilegales que infringen la ley, extremistas domésticos y carteles salvajes y sedientos de sangre”.
El miércoles pasado, el Senado estadounidense rechazó una propuesta de legisladores demócratas para frenar estos ataques, en caso de no haber sido autorizados por el Congreso.
Dos mandatarios sudamericanos se expresaron en contra de estas operaciones de la Casa Blanca. Gustavo Petro, presidente colombiano, opinó que Estados Unidos ha abierto un “escenario de guerra” y alegó que existen indicios de que la último navío destruido era de origen colombiano. En adición a ello, Nicolás Maduro, mandatario venezolano, acusó a Trump de promover “una guerra en el Caribe y Suramérica”. Anunció la próxima activación de zonas de defensa integral en el territorio.
