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Una de las jornadas de protesta marcada por la violencia entre saqueos, ataques a instituciones, edificios y enfrentamientos con la policía vivió Francia en una movilización que reunió a unas 550.000 personas, según el Ministerio del Interior, y a más de 800.000, de acuerdo con la Confederación General del Trabajo (CGT).
No obstante, las manifestaciones respondían a reivindicaciones sobre el coste de la vida, la educación pública y la violencia policial, en varias ciudades se produjeron incidentes que han abierto una disputa política sobre la actuación de las fuerzas de seguridad y la responsabilidad de los disturbios.
Uno de los episodios más graves se registró en Limoges, donde un ataque incendiario provocó el derrumbe de la torre con campanario del Ayuntamiento, un edificio histórico del siglo XVII. En París, Marsella y Lyon también hubo saqueos, daños en inmuebles y enfrentamientos.
En medio de las protestas, se registró el ataque contra el Ayuntamiento de Limoges fue uno de los incidentes más graves cuando un grupo de encapuchados incendió el edificio y la torre con campanario acabó derrumbándose.
Los disturbios también alcanzaron otros edificios públicos. En Marsella se produjo un asalto al Ayuntamiento, y también se registraron saqueos en comercios del centro de la ciudad, incluidos establecimientos de ropa, joyería, alimentación y artículos de lujo.
En tanto en Lyon, varios encapuchados atacaron la oficina de turismo de la plaza Bellecour, rompieron sus cristales y provocaron un incendio mientras que en Lille un grupo irrumpió en la sede municipal, igualmente se registraron incendios y saqueos en otros puntos de la ciudad.
El balance provisional es de 1.800 detenidos en todo el país, 500 policías heridos y más de 600 comercios saqueados.
