Artículo de opinión
Forzosamente, un país debe compartir objetivos que convoquen mínimamente a sus ciudadanos. En el Perú no es así. El fenómeno del Niño será una desgracia nacional que la oposición usará para criticar al gobierno y ganar espacio político. Previsible. La ultraizquierda tiene mayoría en la Cámara de Diputados, desde ahí se ha dedicado a hostigar y paralizar al gobierno. No le otorga las facultades extraordinarias para actuar en el caso del Niño y el combate a la delincuencia. Las pasearon por cuanta comisión hay y, encima, excedieron el tiempo para contestar. No hay una norma clara para enfrentar este retraso. Generalmente, a un gobierno entrante se le otorgan las facultades sobre todo para temas que son vitales en ese momento. Seguirán un camino burocrático interminable, con argumentos idiotas y siempre leguleyos. La ultraizquierda pretende arrinconar al régimen. A esta decisión destructiva promovida por Juntos por el Perú se unen Obras y Buen Gobierno, cuyo líder declaró que no se sentía cómodo al lado de gente del Movadef, pero está aconchabado al 100% con ellos. Cosas del Orinoco. Se supone que la derecha, representada por Renovación, es aliada del oficialismo. En los hechos es ‘cusi-cusa’ (más o menos). Algunos de sus congresistas han declarado que las facultades que respaldan son para el Niño y para combatir la inseguridad ciudadana. No avalan los otros pedidos.
Como la política es contradictoria, el líder de Renovación, Rafael López Aliaga, que postula a la alcaldía de Lima, se trenzó con el candidato municipal naranja y le recordó que eran aliados del gobierno en el Senado para que morigerara las críticas. “Lo sostenemos”, dijo guapeándolo. El asunto siguió. En un mitin López Aliaga le endilgó a Keiko Fujimori haber “mandado a un piraña como candidato… parece hijo de estibador”. Tambores de guerra, que deben aplacarse por el bien del país. En Diputados, la ultraizquierda busca censurar al ministro del Interior, César Astudillo. Su falta de liderazgo frente a la lucha contra el crimen no lo ayuda. Está en la cuerda floja.
Exigir resolver la inseguridad que vivimos en dos meses, o en tres, es una crítica mentirosa. Pero el ministro podría involucrarse más. Desgasta al gobierno sostenerlo; su urgencia es sacar adelante las facultades.
Desde todos los sectores, derecha e izquierda, se escucha equivocadamente que la Presidenta debe usar decretos de urgencia y obviar las conflictivas facultades. Pero los primeros solo proceden para temas económicos. Nada más. Como somos un país cainita, se le exige a Keiko Fujimori tener más vigor, que actúe con mayor fuerza y, en un razonamiento ‘machomen’, se le conmina a que sea como su padre. Alberto Fujimori gobernó firmemente, pero dio un golpe de Estado. Otro contexto. Pocos critican la irresponsabilidad de la ultraizquierda y compañía en el Congreso. Y muchos menos la inaceptable presencia de firmantes del Movadef, parlamentarios y trabajadores en el Legislativo.
Cereza de la torta: la presidenta del PJ le echó un rapapolvo a la Presidenta de la República, la máxima autoridad, por decir en la ONU que los juicios a quienes combatieron el terrorismo duran más de 30 años. Una injusticia cabal que Fujimori no puede soslayar. Entre otros, el PJ liberó al delincuente extraditado, ‘Negro’ Marín, y liberó a otro forajido, ‘John Pulpo’. Todo juega contra nuestro atribulado país.
