Investigación de Le Monde revela avance de edificaciones informales, pérdida de campos de cultivo y fallas de fiscalización en Ollantaytambo y Urubamba.
El Valle Sagrado de los Incas atraviesa una etapa de intensa presión inmobiliaria impulsada por el avance de construcciones de concreto y ladrillo. Esta zona, declarada Patrimonio Cultural de la Nación, alberga un valioso legado de áreas agrícolas, comunidades tradicionales y cientos de yacimientos arqueológicos de las épocas prehispánica y colonial.
El territorio, que cada año recibe a cientos de miles de visitantes en su ruta hacia Machu Picchu, alberga a cerca de 100.000 habitantes entre pequeños agricultores y comerciantes. La rápida expansión edilicia desencadenó un conflicto por el uso del suelo, transformando campos de cultivo y sectores colindantes a sitios protegidos.
Un informe de la revista francesa Le Monde, firmado por la periodista Amanda Chaparro el pasado 17 de septiembre de 2026, expuso la magnitud de este fenómeno a través de diversos testimonios que evidencian las trabas en la fiscalización ambiental y el incremento desmedido en el valor de los terrenos.
Ollantaytambo y Urubamba en el centro de la presión urbana
El informe situó parte del problema en Ollantaytambo, punto neurálgico del flujo turístico hacia la ciudadela inca. Aunque la localidad aún conserva callejones con piedras talladas y techos de teja o paja, las estructuras modernas de concreto ganan terreno aceleradamente.
Andrés Fabián Bravo Pinedo, presidente del Frente de Defensa de Ollantaytambo, advirtió a la revista sobre el severo impacto paisajístico e indicó que algunos residentes aprovechan la noche para remover muros incas con el fin de eludir las inspecciones y habilitar construcciones.

Por su parte, en Urubamba, el mayor eje urbano del valle, la presión sobre las tierras de cultivo es igualmente crítica. El periodista Marco Zileri denunció que la municipalidad aprobó un plan de desarrollo urbano que destina aproximadamente 650 hectáreas agrícolas a uso edificable, condicionando el futuro productivo de la zona.
Debilidad institucional y el factor del nuevo aeropuerto
De acuerdo con Le Monde, la fiscalización y emisión de licencias involucra tanto a los municipios locales como al Ministerio de Cultura. Sin embargo, fuentes internas de la dirección regional de Cultura en Cusco señalaron de forma anónima que la entidad afronta un déficit crónico de personal para procesar cientos de expedientes, lo que genera retrasos de varios años en la tramitación de sanciones. Asimismo, un arqueólogo del sector denunció la existencia de presiones e intereses inmobiliarios para edificar sobre espacios protegidos.

El reportaje rememoró el emblemático caso del Hotel Sheraton en el centro histórico de Cusco, cuya construcción de nueve pisos culminó en 2019 con una orden judicial de demolición. T’ika Luizar Obregón, abogada querellante en dicho proceso y actual candidata a la presidencia regional por el Partido Verde, planteó la necesidad de implementar un control territorial estricto para frenar el deterioro ecológico y urbanístico.
A este escenario se suma la expectativa por las obras del nuevo aeropuerto regional, en cuyo entorno ya se registran edificaciones de hasta ocho pisos, acelerando la especulación inmobiliaria.
El impacto económico en las familias agrícolas
El valor de la tierra sufrió un alza drástica: el metro cuadrado pasó de cotizarse en unos cinco dólares hace tres décadas a alcanzar hasta 300 dólares en la actualidad.
Zileri explicó que mientras los campesinos no obtengan ingresos sostenibles de sus cosechas, persistirá el incentivo de vender parcelas para solventar gastos familiares o la educación de sus hijos. Como alternativa de conservación, el ecólogo Marco Chevarria propuso potenciar cultivos de alto valor agregados como la quinua, la kiwicha y el choclo gigante con denominación de origen, además de desarrollar mercados para plantas medicinales y cosmética natural.
Finalmente, el informe recogió la perspectiva social de los residentes. Vecinos de la zona explicaron que las ampliaciones verticales también responden a dinámicas familiares locales, donde los padres proyectan pisos adicionales en sus viviendas para asegurar un espacio residencial a sus hijos en la etapa adulta.
