Foto: Caretas
Artículo de opinión
El viernes 12 de junio, a las 5:21 de la tarde, un correo apagó dos de los modelos de inteligencia artificial más potentes que existen. No fue un hackeo ni un cortocircuito. Fue una orden del Departamento de Comercio de Estados Unidos: Anthropic (Claude) tenía que cortarle el acceso a Fable 5 y Mythos 5 a cualquier usuario que no fuera estadounidense, sin explicar bien por qué —solo se habló, en genérico, de un «riesgo de seguridad nacional». Como la empresa no podía distinguir nacionalidades en tiempo real, apagó los dos modelos para todo el planeta. Ahí está el dato que debería quitarnos el sueño… Hoy, quién puede pensar con ayuda de una máquina depende de qué gobierno decide dejarla prendida o apagada. Casi de inmediato.
Esto no debería sorprendernos. Los politólogos Henry Farrell y Abraham Newman llevan años explicando cómo funciona el poder en un mundo hiperconectado. Cuando todo pasa por unos pocos nodos centrales —bancos, cables submarinos, y ahora modelos de IA—, quien controla el nodo controla el grifo. A eso le llaman «efecto chokepoint» y es justo lo que hizo Washington. El problema es que esta vez el grifo no distinguió a quién le cortaba el agua. La orden golpeó a aliados como Francia y Canadá, a empleados extranjeros de la propia empresa, a bancos y gobiernos sin nada que ver con la falla reportada. En el G7, Macron la calificó de reacción «estrictamente nacionalista». Mark Carney, primer ministro canadiense, comparó el susto con la crisis de 2008 y dijo que nunca es buena idea depender de una sola opción. Tampoco es casualidad. Meses antes, el Pentágono ya había puesto a Anthropic en la lista de «riesgo de cadena de suministro» por negarse a ceder sus modelos para armas autónomas sin control humano. Mientras Washington titubeaba, alguien más avanzaba en silencio: los modelos chinos de código abierto llegaron, de forma puntual, a superar la mitad del tráfico de una plataforma de referencia. Cada apagón imprevisible empuja a medio mundo hacia el competidor.
¿Y qué hicieron los que sí reaccionaron a tiempo? Francia anunció «Operación Prometeo”. Un plan a tres años, con cientos de miles de millones de dólares, para tener su propio laboratorio de IA de punta. Todo esto porque el caso Anthropic probó que no se puede vivir a merced de un interruptor ajeno. Corea del Sur e India van por caminos parecidos. Perú no tiene ni tendrá pronto esos recursos. Pero soberanía no es autarquía… es no depender de un solo botón. Diversificar proveedores de nube, exigir que los datos puedan moverse de un sistema a otro, mirar en serio los modelos de código abierto que uno mismo puede alojar para funciones críticas del Estado y la banca. Nada de eso pide un ministerio nuevo ni un gasto faraónico. Pero sí pide liderazgo. Alguien que trate esto como asunto de seguridad nacional antes de que la próxima crisis lo imponga a la fuerza, y que sepa instalarlo en la conversación pública sin pánico ni ingenuidad.
Perú acelera hoy su adopción de inteligencia artificial en la banca, en el Estado, en cada empresa que se sube a la ola, sin haberse hecho todavía la pregunta que Francia ya se respondió: ¿qué pasa si un día el interruptor se apaga y no es nuestro? La confianza institucional no se decreta, se demuestra con anticipación, no con lamentos después del hecho. No hace falta esperar el próximo apagón para aprender lo que ya sabíamos de toda la vida. Nunca hay que poner todos los huevos en la misma canasta, y mucho menos en una que ni siquiera es nuestra.
