Arqueólogos peruanos Pizarro y Ortiz buscan pruebas del uso mortuorio en el Templo de la Luna.
Un equipo de arqueólogos cusqueños, liderado por Rolando Pizarro Silva y Jackeline Ortiz, desarrolla una investigación que busca confirmar que la Gran Caverna, tradicionalmente conocida como el Templo de la Luna en la montaña Huayna Picchu, funcionó como un cementerio exclusivo para la élite inca.
El proyecto, denominado “Prospección endoscópica en el Templo de la Luna”, utiliza tecnología avanzada para desmitificar el nombre del sitio -asignado por exploradores extranjeros sin base científica- y establecer su verdadera naturaleza como un mausoleo de alta jerarquía.
La investigación se divide en tres fases estratégicas para garantizar la conservación del patrimonio en Machu Picchu:
Prospección superficial: Reconocimiento del área y sus estructuras asociadas.
Excavación controlada: Intervención de 75 centímetros que permitió descubrir cimientos y tratamientos de piso originales.
Endoscopía arqueológica: Uso de cámaras diminutas para explorar cavidades en la arquitectura fina sin dañar los muros. Este método, empleado anteriormente en las pirámides de Egipto, espera la autorización final del Parque Arqueológico para ejecutarse en espacios reducidos.
Evidencias de un mausoleo de élite
Los hallazgos preliminares refuerzan la hipótesis de un espacio mortuorio ritual. La estructura principal presenta nichos trapezoidales diseñados para albergar mallquis (momias), los cuales eran tratados como seres vivos por sus panacas tras la muerte.
Según los expertos, la calidad de los aparejos y trasmuros indica que no era una tumba común, sino un mausoleo dinástico donde los cuerpos eran depositados en accesos abiertos para permitir su limpieza y renovación de ofrendas, manteniendo una conexión entre el mundo terrenal y el sagrado.
Este estudio retoma los trabajos de George Eaton, quien a inicios del siglo XX ya había identificado decenas de cavernas con restos óseos en la zona. La investigación actual, que cuenta con el respaldo del Ministerio de Cultura y la colaboración de National Geographic, culminará con la publicación de un libro que busca redefinir la interpretación histórica de Huayna Picchu como una vasta necrópolis de la nobleza imperial.
