Por Ada Gallegos
Artículo de opinión
Cuando el Estado pretende gobernar la universidad sin la universidad, no está “ordenando” el sistema: está colonizando el conocimiento. Por eso saludamos la incorporación de representantes de universidades públicas al Consejo Directivo de SUNEDU para el periodo 2026–2029, en concordancia con la Ley N.° 31520. No es un gesto simbólico; es una corrección necesaria frente a las maniobras y patrañas que trataron de evitar el cumplimiento del mandato de los rectores de las universidades públicas del país.
La educación superior se fortalece cuando sus instituciones participan activamente en la toma de decisiones. Lo contrario produce un aparato que confunde supervisión con tutela y calidad con papeleo. La SUNEDU debe garantizar estándares, sí; pero no puede hacerlo desde una lógica punitiva ni con un diseño que excluye a la universidad pública del espacio donde se definen criterios, calendarios y prioridades.
El debate sobre SUNEDU ha sido contaminado por ruidos, sospechas y disputas de poder. Ese clima le hace daño al país. La rectoría del sistema universitario no puede depender del humor del momento, ni de cuotas, ni de presiones. La representación universitaria en el Consejo Directivo debe servir para legitimar la conducción, no para capturarla. Precisamente por eso exigimos reglas estrictas de independencia, prevención de conflictos de interés y decisiones sustentadas en evidencia.
La incorporación de representantes de universidades públicas es un paso firme, pero no basta. Si el Perú quiere calidad real, necesita una agenda mínima y verificable: (1) criterios técnicos estables para licenciamiento y supervisión, públicos y auditables; (2) evaluación orientada a resultados, aprendizajes, investigación, bienestar estudiantil y empleabilidad, no solo a expedientes; (3) articulación efectiva con SINEACE y CONCYTEC para que “calidad” incluya ciencia e innovación; (4) financiamiento sostenible de la universidad pública: exigir sin invertir es una forma de sabotaje; (5) políticas diferenciadas para contextos regionales, sin relajar estándares, pero entendiendo brechas y capacidades.
La esperanza radica en que este nuevo Consejo esté abierto a los cambios que la universidad demanda. Las instituciones de educación superior no son entes estáticos; evolucionan con la ciencia, la tecnología y las necesidades sociales. Por ello, la política universitaria no puede mantenerse rígida ni anclada exclusivamente en un enfoque sancionador. Es momento de promover políticas que impulsen la investigación, la innovación, la internacionalización y el fortalecimiento institucional, especialmente en las universidades públicas que enfrentan mayores brechas presupuestales y estructurales.
Una SUNEDU renovada debe apostar por una gestión más ágil. La tramitología excesiva y los procedimientos prolongados terminan afectando la capacidad de planificación y ejecución de las universidades. La supervisión es necesaria, pero no puede convertirse en un obstáculo permanente para el crecimiento. El sistema requiere una entidad que acompañe, oriente y supervise con criterio técnico, evitando sesgos de cualquier influencia política y que comprenda la diversidad y complejidad del ecosistema universitario peruano.
Otro elemento crucial es la independencia. La SUNEDU debe conservar y fortalecer su autonomía frente al poder ejecutivo de turno. La politización de la educación superior sería un grave retroceso. La estabilidad del sistema universitario exige reglas claras, decisiones técnicas y una conducción que no responda a coyunturas políticas pasajeras. Un Consejo Directivo plural, con representantes idóneos y comprometidos con la institucionalidad, puede convertirse en garantía de esa independencia.
La renovación del Consejo Directivo no es un cambio menor. Es una oportunidad histórica para construir una SUNEDU más moderna, menos burocrática, más técnica y profundamente comprometida con el desarrollo del país. Si este nuevo Consejo logra equilibrar supervisión con promoción, exigencia con acompañamiento e independencia con responsabilidad, el sistema universitario peruano podrá consolidarse y proyectarse con mayor solidez hacia el futuro.
