El Comando Sur de los Estados Unidos desplegó una flota naval en la bahía de Puerto Príncipe, compuesta por el destructor USS Stockdale y los buques de la Guardia Costera USCGC Stone y USCGC Diligence. Esta movilización, ordenada por el secretario de Defensa, ocurre en una situción de alta inestabilidad política, a escasos días de que expire el mandato del Consejo Presidencial de Transición (CPT) el 7 de febrero, y busca, según fuentes oficiales, garantizar la seguridad en una nación devastada por la violencia de las pandillas, que solo en 2025 dejó un saldo de 5,915 fallecidos.
La llegada de las embarcaciones militares se produce bajo las directrices de Pete Hegseth, en lo que se describe como una avanzada para fortalecer el control en la capital haitiana. No obstante, la acción ha sido señalada por diversos sectores como una medida de injerencia externa, coincidiendo con la reciente anulación de visados por parte del Departamento de Estado a dos miembros del CPT, a quienes se les vincula con agrupaciones criminales.
Mientras la Marina estadounidense refuerza su presencia, el gobierno haitiano enfrenta fracturas internas debido al proceso para reemplazar al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé.
La situación en Haití se ha tornado crítica debido a la violencia sistémica ejercida por coaliciones de pandillas contra las fuerzas de seguridad y la población civil. Según informes de la ONU, la crisis social se ha agudizado, sumando miles de víctimas y dificultando los esfuerzos para restaurar la estabilidad institucional.
La presencia del Comando Sur busca consolidar un entorno seguro para la transición política, aunque el Departamento de Estado advirtió previamente que cambios abruptos en la composición del gobierno podrían socavar los objetivos de pacificación en la isla.
