En el marco de la Guerra del Pacífico, las Fuerzas Armadas del Perú combatieron en varias de las batallas más representativas de su historia. Algunas de las tierras sobre las cuales nuestras tropas derramaron sangre patriótica se convirtieron en los principales distritos de Lima y provincias.
Tal es el caso de la Batalla de Miraflores, que se desató entre los ejércitos peruano y chileno durante la Campaña de Lima, una estrategia militar que se desarrolló en el período de un año. Este conflicto constituye un episodio amargo para los connacionales, ya que la derrota tuvo consecuencias devastadoras para la infraestructura y la población adyacente al campo de batalla. A continuación, presentamos datos históricos de este enfrentamiento bélico.
En el campo de batalla
De acuerdo a la Academia de Historia Militar de Chile, hubo tentativas de paz el día previo a la batalla, que propiciaron el Ministro de Guerra en Campaña chileno José Francisco Vergara y el cuerpo diplomático de Lima, que estableció un diálogo con ambos cuarteles. Sin embargo, dada la corta distancia y la tensión entre los bandos, el enfrentamiento era inminente. El armisticio acordado no se respetó, y las tropas combatieron el 15 de enero de 1881, alrededor de las 2 de la tarde.
De acuerdo al investigador histórico Ernesto Linares, la línea peruana se extendía entre los territorios que hoy conocemos como Larcomar y Ate Vitarte, pero la batalla se llevó a cabo solo en el espacio que actualmente ocupa Miraflores. Se contó con ocho reductos en total. Las defensas de uno de ellos, el Reducto N°1, se rompieron por acción de los regimientos chilenos de Caupolicán, Concepción, y Valdivia, que acudieron para auxiliar a la división del coronel Pedro Lagos. El comandante del primer cuerpo de batalla, nadie menos que Andrés Avelino Cáceres, se replegó entonces al Reducto N°2.
Cáceres esperaba refuerzos de parte de Nicolás de Piérola, líder del Cuartel General, quien no ordenó la movilización del Ejército de Reserva, y huyó posteriormente, en un acto que hoy se considera ampliamente una traición a la patria. Eventualmente, los chilenos avanzaron hacia el tercer reducto, mientras continuaba la ofensiva en el cuarto y el quinto.
Los hombres del coronel Francisco Barceló lograron avanzar hacia la línea peruana en Miraflores, lo que marcó el inicio de la ocupación chilena. Cuando la victoria se hizo inminente, el horror para los defensores civiles peruanos había comenzado. Para facilitar la invasión, las fuerzas chilenas perpetraron incendios, saqueos y bombardeos. Hubo repase de heridos, fusilamiento de prisioneros y devastación general. Otra herida que se abrió apenas días después de la tragedia en Chorrillos.
Testimonios de un conflicto
En 1884, por el tercer aniversario de la batalla, El Comercio publicó, en varias partes, la colección de apuntes titulada “Lo que yo vi. Apuntes de un reservista sobre las jornadas de 13 y 15 de enero de 1881”, del periodista Alberto Ulloa Cisneros, quien presenció los hechos en calidad ayudante del estado mayor del Ejército de Reserva.
También existen registros que exponen la humanidad vulnerada después del combate. Uno de ellos es una anécdota del militar y escritor José Toribio Lara, quien describió en su obra “Recuerdos de la guerra con Chile (memorias de un distinguido)” (1911), su encuentro con una mujer de luto tras el asalto a su hogar.
