La región de Áncash atraviesa una alarmante crisis ambiental tras registrarse 166 incendios forestales en lo que va del año, con un recrudecimiento crítico durante el mes de diciembre que ha dejado víctimas mortales y miles de hectáreas devastadas.
Según el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER), la provincia de Huaraz encabeza la lista de zonas afectadas en un escenario donde la mayoría de los siniestros son provocados por la mano humana, basados en mitos agrícolas sobre la generación de lluvias que han derivado en consecuencias fatales para la población y el ecosistema andino.
El impacto de las llamas ha sido devastador tanto en términos humanos como estructurales. Hasta la fecha, se reporta una persona fallecida y dos heridos, además de nueve ciudadanos entre damnificados y afectados.
La infraestructura local también ha sufrido pérdidas significativas con la destrucción de cuatro viviendas. En el sector agrario, la magnitud del desastre es histórica: 4,280 hectáreas de cultivos se han perdido totalmente y otras 3,252 resultaron dañadas, lo que compromete la seguridad alimentaria de diversas comunidades rurales de la región.
Huaraz como el epicentro de la emergencia
La distribución geográfica de los siniestros sitúa a la provincia de Huaraz como el punto más crítico con 31 incidentes, seguida por Huari (22) y Mariscal Luzuriaga (15).
El evento más reciente tuvo lugar en el sector de Tayacoto, distrito de Independencia, donde el Grupo de Intervención Rápida ante Emergencias y Desastres (GIRED) debió trabajar conjuntamente con la población civil para sofocar el fuego.
En total, el patrimonio natural de Áncash ha sufrido la pérdida de 1,951 hectáreas de cobertura vegetal, afectando la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de la zona.
Desmitificación de las quemas agrícolas
La Oficina Regional de Gestión del Riesgo de Desastres ha emitido una alerta urgente para erradicar las quemas de limpieza y pastizales, desmintiendo la creencia popular de que el humo favorece la formación de nubes de lluvia.
Las autoridades enfatizaron que estas prácticas no solo son ineficaces para combatir la sequía, sino que constituyen el principal detonante de incendios incontrolables. Se ha exhortado a la ciudadanía a abandonar estas tradiciones erróneas que, lejos de atraer precipitaciones, incrementan la contaminación atmosférica y ponen en riesgo inminente la vida de los brigadistas y residentes.
