Fuente: El Mundo
Por Sergio Bolívar
Comunicador y Administrador de Empresas
Un portaaviones se desplaza frente al Caribe, mientras lanchas destrozadas demuestran que Trump cumple con castigar severamente el tráfico de drogas. Paralelamente, la elección de un alcalde musulmán socialista de 34 años en Nueva York y la inclinación juvenil estadounidense hacia el socialismo son un cambio ideológico notable dentro de sus propias fronteras. Hay un dualismo, mientras Washington intensifica su presión externa a la vez que internamente se fermenta una corriente ideológica diversa. ¿En qué lugar deja a América Latina y el Perú?
La operación “Lanza del Sur” es un rugido estratégico de la actual administración Trump contra los narcoterroristas que provienen de América Latina. Lejos de limitarse a procedimientos policiales, esta campaña se caracteriza por un despliegue naval masivo y una retórica belicista que ha resultado en numerosas neutralizaciones y bajas en pocas semanas. Los reportes indican acciones continuas de hundimiento bajo el diseño «enemy KIA” (muerto en combate) y comunicados posteriores al Congreso como un «conflicto armado no internacional», lo que permite la operación sin aprobación legislativa. La realidad es indiscutible… se trata de una guerra.
Sobre posibles incursiones terrestres, las respuestas oficiales varían entre insinuaciones y negativas. Sin embargo, existe una clara intención de reinsertar la influencia militar norteamericana en la región. Cada acción militar en el Caribe revive memorias de resistencia latinoamericana a la interferencia extranjera, potenciando el riesgo de fracturas diplomáticas y escalada de tensiones.
A medida que en el ámbito exterior prevalece la fuerza, internamente el panorama cultural se transforma. Más allá de los campus universitarios, la victoria de un socialista en Nueva York con un apoyo abrumador del electorado joven y el cambio de percepción hacia socialismo reflejan un “ronroneo” que está normalizando el marxismo. Esta ideología ha vuelto a entrar por la ventana logrando que sean aceptados discursos hasta hace poco marginalizados. El investigador Mike Gonzalez sostiene que el marxismo está rehabilitándose en el debate público estadounidense, una tesis que encuentra respaldo en los hechos recientes.
En América Latina la distinción entre el socialismo democrático y marxismo es especialmente crítica, porque han provocado divisiones profundas y Estados fallidos. Un aumento de la aceptación de estas ideologías en Estados Unidos tiene fuertes implicaciones para nuestra región sobre todo si se inicia en la cuna de los mercados mundiales.
La prioridad peruana está en la seguridad territorial sin falsas soluciones. Esta preocupación emerge en cada operativo que Estados Unidos inicia en el Caribe y el Pacífico norte para desviar las rutas ilícitas hacia la Amazonía y el Pacífico sur cercanas a nuestro país. La estrategia de neutralizar el narcotráfico sin el debido proceso plantea serios riesgos futuros para la seguridad en nuestros territorios.
La cooperación internacional norteamericana es esencial para el Perú, pero debe condicionarse a un respeto por el debido proceso y la soberanía nacional. Desde el punto de vista diplomático, alinearse incondicionalmente o mantenerse al margen conlleva riesgos. Una estrategia prudente implica grandes esfuerzos internos en inteligencia y control marítimo, junto con una cooperación multilateral bien definida.
Nuestro equilibrio político reside en la no importación de políticas extremistas, ya sean de mano dura sin respeto al estado de derecho o ideales igualitaristas sin fundamento económico. Para evitar la polarización inútil, necesitamos un orden democrático que asegure el cumplimiento de la ley y atienda las demandas sociales.
En seguridad y defensa, necesitamos reforzar la vigilancia marítima y aérea, estableciendo protocolos claros para las operaciones. En diplomacia, es clave para transmitir firmeza y respeto al derecho internacional y fomentar la cooperación regional para proteger nuestros dominios. En la política interna, hay que evitar los extremismos que puedan resurgir hasta de la juventud marxista de Nueva York, fortaleciendo la memoria histórica y asegurando un mínimo de dignidad que prevenga el resentimiento. El Perú defiende su soberanía y democracia, promoviendo un mercado abierto y un gobierno diplomáticamente eficaz.
Nada nos obliga a tomar partido por influencias externas. Nuestro compromiso está con la Constitución y las necesidades propias del Perú, fomentando la cooperación en la lucha contra el crimen, pero rechazando cualquier forma de intervención unilateral y evitando caer en ideologías extremas.
