Foto: Composición PerúInforma
Escribe Valeria Cavero:
Un día como hoy falleció una de las hijas más ilustres del Perú, precisamente de Coya, distrito ubicado en la provincia de Calca, en Cusco. En 1924, después de 15 años de exilio en Argentina, país que la vio morir, se repatriaron los restos de esta destacada pensadora, recibida con honores por Zoila Aurora Cáceres, hija de Andrés Avelino Cáceres, en compañía de mujeres que reconocían en aquella que volvía, póstumamente, una figura clave para las letras peruanas. Hablamos de Clorinda Matto de Turner: una voz resonante en la esfera intelectual de nuestro país.
Hija, esposa, y aprendiz cultural
Grimanesa Martina Mato Usandivaras nació el 11 de noviembre en Paullu Chico, propiedad de sus padres Ramón Mato Torres y Grimanesa Usandivaras Gárate, un matrimonio de hacendados. Perdió a su madre en 1862, a la edad de 10 años, y en 1868, abandonó la escuela para cuidar de su hogar y sus hermanos menores. Aunque desertó, en el Colegio Nacional de Educandas dejó una muestra de su vocación y destreza literaria: un periódico estudiantil, en el que hizo sus primeras publicaciones.
La joven visitaba con frecuencia una hacienda familiar, en la que estuvo en contacto con la población indígena que habitaba la región. Gracias a estas comunidades, conoció relatos orales y aprendió el quechua. Rodeada de naturaleza y expresiones culturales, transcurrieron sus años formativos como defensora de la tradición andina.
En 1871 se casó con Joseph Turner, médico y comerciante británico asentado en el Perú, con quien se fue a vivir a la localidad cusqueña de Tinta. “Clorinda” es un apelativo con el que su esposo se refería a ella. La escritora lo completó con “Matto” (una variante de su apellido) y su título de casada para dar origen a su “nombre de pluma”.
Pionera de las letras
Mientras estaba afincada en Tinta, escribía para publicaciones locales como El Recreo de Cuzco, y consiguió que sus artículos llegaran a las páginas de El Ferrocarril; el Heraldo; El Mercurio y el Eco de los Andes. También colaboró con la revista El Correo del Perú, con sede en Lima. Visitó la capital por primera vez a los 25 años, para un círculo literario que preparó en su honor Juana Manuela Gorriti, escritora y cronista argentina, que solía organizar veladas para escritoras emergentes. En estas reuniones formó un vínculo con Mercedes Cabello de Carbonera y Ricardo Palma, cuya técnica adoptó para sus “Tradiciones cusqueñas”, que recoge lo más destacado de la cultura regional.
En 1889, llega su obra cumbre, “Aves sin nido”, considerada “la primera gran novela indigenista latinoamericana”, por Jorge Basadre. La consagró como precursora del movimiento literario que alimentó las obras de Enrique López Albújar, Ciro Alegría y, notablemente, José María Arguedas. En ella, expone el gran contraste que existe en los pueblos alejados: un mundo culturalmente rico, en el que la tradición coexiste con la corrupción, explotación y pobreza. También escribió el drama “Hima-Sumac”.
Una mujer valiente
Fue partidaria de Manuel Pardo y Lavalle, líder del Partido Civil y presidente de la república entre 1872 y 1876. Cuando estalló la guerra con Chile, en 1879, se unió al general Andrés Avelino Cáceres, que defendió el Cusco junto a sus tropas. Su casa fungió como un improvisado para los soldados del “Brujo de los Andes”. Cuando el conflicto cobró la vida de su esposo, en 1881, se encargó de pagar las cuentas del negocio de rescate de lana que manejaban juntos. Renovó un molino de trigo que Turner había administrado, y exportó a Bolivia para pagar las deudas.
“Tenían en común la reivindicación de lo andino dentro de un proyecto político nacional. Matto consideraba que el quechua debía tener un papel constitutivo en la identidad cultural nacional. Cáceres había logrado establecer una alianza con sectores campesinos para la resistencia a la invasión chilena y aparecía como encarnación de una posible nación donde lo criollo no fuese lo hegemónico” apuntó el historiador Marcel Vásquez, sobre la amistad entre el militar y la escritora.
Cuando Cáceres fue derrocado, Matto de Turner se vio obligada a exiliarse en Buenos Aires. Tras sufrir la destrucción de su casa y su imprenta “La equitativa”, con la que procuró empleo a mujeres, comenzó de nuevo en el país vecino, donde fue recibida como una escritora de prestigio. Continuó con su trabajo académico hasta su muerte el 25 de octubre de 1909, víctima de una pulmonía.
