Foto: Andina
En Perú, más de 8 mil mujeres son diagnosticadas con cáncer de mama cada año, y cerca de 30 mil viven actualmente con esta afección. Las estadísticas son preocupantes. En la última década los casos han aumentado en un 60%, según las cifras del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas.
Pese a que se trata de una neoplasia altamente tratable en sus primeras etapas, la mayoría de los diagnósticos en nuestro país se realizan en fases avanzadas, lo que reduce las probabilidades de curación y limita las opciones terapéuticas.
Mauricio León, jefe de Mastología de la Clínica Ricardo Palma, señala que este incremento está relacionado con varios factores: el envejecimiento poblacional, la adopción de estilos de vida poco saludables y el sedentarismo, entre otros. Por eso, es clave empezar la educación preventiva desde edades tempranas.
Adoptar hábitos saludables puede hacer una gran diferencia. Mantener un peso adecuado, especialmente después de la menopausia (ya que el exceso de grasa corporal incrementa los niveles de estrógenos vinculados al desarrollo tumoral), practicar actividad física al menos 30 minutos al día, 5 veces por semana, reducir el consumo de alcohol, no fumar y promover la lactancia materna son acciones que ayudan a reducir el riesgo de sufrir este mal.
La detección precoz también es vital. Realizar un autoexamen mensual- entre el día 7 y 10 del inicio del ciclo menstrual – permite identificar conocer y reconocer cambios tempranos en los senos. Las mamas están menos sensibles y con menor tensión hormonal, lo que facilita una evaluación más fácil y precisa. En mujeres posmenopáusicas, se sugiere elegir un día fijo del mes. Por ejemplo, el primero para mantener constancia.
A nivel clínico, la ecografía mamaria debe iniciarse a partir de los 25 años en mujeres con antecedentes familiares de esta neoplasia o cuando el médico lo considere necesario ante hallazgos clínicos.
En tanto, la mamografía se recomienda anualmente a partir de los 40 años en todas las mujeres, independientemente de la presencia o no de síntomas, ya que es la herramienta más eficaz para detectar lesiones en etapas tempranas, cuando el tratamiento es más efectivo, menos mutilante y mucho menos costoso.
Opciones de tratamientos:
El enfoque moderno contra el cáncer de mama combina distintas terapias, adaptadas al tipo y estadio de tumor y al estado general de la paciente.
Cirugía. Suele ser el primer paso para tumores localizados. Puede consistir en la extirpación parcial o total de la mama, según el tamaño, tipo y ubicación del tumor y se puede realizar con la reconstrucción de la mama en forma inmediata.
Radioterapia. Se utiliza con frecuencia después de la operación para reducir el riesgo de recurrencia local y regional.
Quimioterapia. Puede administrarse antes (para reducir el tamaño del tumor) o después de la cirugía (para eliminar células malignas remanentes).
Terapia hormonal. Fundamental en los casos con receptores hormonales positivos. Incluye medicamentos como el tamoxifeno o los inhibidores de aromatasa, que pueden administrarse por varios años.
Terapias dirigidas. Son tratamientos altamente específicos que actúan sobre ciertas proteínas tumorales, como el subtipo HER2. Fármacos como el trastuzumab o el pertuzumab han demostrado eficacia con mínimos efectos secundarios.
Gracias a estos avances, el cáncer de mama ha dejado de ser sinónimo de muerte. Con un diagnóstico oportuno y tratamiento integral puede convertirse en una enfermedad crónica controlable e incluso totalmente curable. Pero el tiempo sigue siendo un factor determinante.
