Hace exactamente 146 años, las fuerzas marítimas de Perú y Chile protagonizaron uno de los enfrentamientos más emblemáticos de la historia sudamericana: el Combate Naval de Angamos. Este episodio decisivo de la Guerra del Pacífico, iniciada el 5 de abril de 1879, tuvo como trasfondo la disputa por la explotación del salitre, un mineral de gran valor comercial por su uso en la fabricación de explosivos y fertilizantes.
Las fuerzas protagonistas: Perú y Chile
En aquel contexto, la escuadra peruana —más reducida en embarcaciones— emprendió diversas campañas marítimas bajo el mando del Almirante Miguel Grau Seminario, quien recibió la aprobación del Congreso, presidido entonces por Manuel Ignacio Prado, para asumir el mando de la Primera División Naval.
Grau comandó el legendario monitor Huáscar, acompañado por la corbeta Unión, dirigida por el capitán Aurelio García y García, y el transporte Rímac, antes de propiedad chilena y capturado por Perú el 23 de julio de 1879.

Por su parte, la escuadra chilena contaba con poderosos navíos: las fragatas gemelas Cochrane y Blanco Encalada, bajo el mando del comandante Juan José Latorre Benavente, junto con la corbeta O’Higgins y el transporte Loa. El entonces presidente chileno, Aníbal Pinto, con experiencia previa como ministro de Marina y Guerra, comprendía la magnitud del desafío que enfrentaba su país.
La madrugada del 8 de octubre
A las 3:00 a. m. del 8 de octubre de 1879, tras recorrer la bahía de Antofagasta, la división peruana divisó el humo de las embarcaciones chilenas que se acercaban para interceptarla.
El almirante Grau ordenó dirigirse hacia el norte e instruyó a la Unión retirarse para evitar su pérdida. El encuentro se produjo en Punta Angamos, en la península de Mejillones.
El Huáscar abrió fuego primero, pero la superioridad artillera del Cochrane y del Blanco Encalada resultó determinante. Tras dos horas de combate, un proyectil impactó en la torre de mando del monitor peruano, provocando la muerte de Miguel Grau, el “Caballero de los Mares”, y de su ayudante, el teniente Diego Ferré.
El Huáscar fue finalmente abordado por las fuerzas chilenas, lideradas por el teniente Policarpo Toro Hurtado. Los sobrevivientes fueron hechos prisioneros y el navío se convirtió en un símbolo de victoria para Chile, pero también en un emblema de honor y sacrificio para el Perú.
El legado del Caballero de los Mares

Las crónicas nacionales y extranjeras coinciden en resaltar la valentía, humanidad y sentido del deber de Grau. El historiador chileno Gonzalo Bulnes Pinto escribió:
“Grau sirvió a su patria con valor, con destreza y con humanidad. Imprimía a sus acciones una nota caballeresca.”
Mientras que el historiador peruano Jorge Basadre lo definió con una frase inmortal:
“Como del carbón sale el diamante, así de la negrura de esta guerra sale Grau.”
Memoria viva del héroe nacional
Hoy, el legado del almirante se mantiene vivo en instituciones como el Museo Naval Casa Grau, con sedes en Piura y Lima.
En su casa natal de Piura se exhiben piezas relacionadas con la Guerra del Pacífico, así como réplicas de sus objetos personales. En Lima, una sala de exposición permanente recuerda los honores póstumos que recibió, incluyendo el facsímil de la carta que escribió a su esposa antes de zarpar a su última misión.
Una fecha para recordar

El feriado nacional del 8 de octubre rinde homenaje al sacrificio del almirante Miguel Grau y de toda la Marina de Guerra del Perú, ejemplo de valor, lealtad y amor a la patria.
A más de un siglo de aquella gesta heroica, el espíritu del Caballero de los Mares sigue inspirando a generaciones de peruanos a servir con honor y compromiso.
