Cada 8 de diciembre se conmemora a una de las representaciones más conocidas de la Virgen María: la Inmaculada Concepción de María, llamada también la Purísima Concepción. Este día se estableció oficialmente bajo el papado de Pío IX en el siglo XIX.
El entonces pontífice estableció el dogma católico que defiende la pureza de María desde su nacimiento, lo cual la convierte en una mujer libre de pecado. Por este día, en su honor se celebran misas y peregrinaciones alrededor del mundo.
La celebración histórica
“La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano”.
Estas fueron las palabras del papa Pío IX, inmortalizadas en la constitución Ineffabilis Deus, al instaurar el citado principio. Si bien el día festivo se estableció el 8 de diciembre de 1854, las primeras celebraciones en torno a la Inmaculada Concepción datan de los años 1600, en España.
De acuerdo al portal Forum Libertas, esta era una verdad teológica en el país desde hace siglos. En el año 675, el rey Wamba, líder de aquella población hispanorromana, defendió la purísima concepción de María, durante el IX Concilio de Toledo.
Dicha convicción sobrevivió a lo largo de la Edad Media. En 1644, el rey Felipe IV solicitó proclamar a la Inmaculada como Patrona de España y de las Indias. Para entonces, la celebración dedicada a esta imagen ya tenía sus particularidades, como la casulla (vestimenta) azul de la Virgen. Cabe destacar que este fue un privilegio otorgado a los fieles españoles, ya que este color no estaba permitido en la liturgia romana.
La Iglesia Católica conmemora a la Inmaculada
De acuerdo al portal ACI Prensa, el papa León XIV inició la Solemnidad de la Inmaculada Concepción dirigiendo el rezo del Ángelus en el Palacio Apostólico del Vaticano. “El Señor concedió a María la gracia extraordinaria de un corazón totalmente puro, en vista de un milagro aún mayor: la venida al mundo, como hombre, de Cristo Salvador”, expresó en un mensaje a los feligreses que lo escuchaban en la Plaza de San Pedro. Además, comentó que “el Señor siempre actúa así: nos concede grandes dones, pero nos deja libres para aceptarlos o no”.
Por Valeria Cavero
