Un domingo en Caracas (Parte II)….Por: Ricardo Burgos

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Los periodistas somos como los chefs. Ellos crean nuevos platos y sabores para el gran público consumidor, pero les gusta  compartir también con sus colegas y amigos los secretos de su arte culinario. Pasa lo mismo con los periodistas. Uno cubre noticias para los grandes auditorios, pero nos agrada también contarles historias y anécdotas  a nuestros amigos y compañeros de oficio.

Eso es lo que estoy haciendo  con  este cajón  de sastre que retrata el otro lado de la noticia de mi cobertura periodística  como enviado especial de Noticieros Televisa de México a Venezuela.

Les contaba ayer en mi crónica de viaje “Un domingo en Caracas” que me fui al estadio. Todos sabemos que en Venezuela el deporte rey es el beisbol, pero en los últimos años  el fútbol venezolano ha progresado aunque  lo ha hecho a su particular modo y estilo.

Por supuesto, ya no es la cenicienta de Sudamérica. Y nosotros lo hemos sufrido en carne propia. Nuestra selección apenas arañó 2 puntos de 6 en disputa durante los partidos por las eliminatorias al mundial.

Era inevitable entonces que me fuera a  la villa olímpica universitaria para ver al dueño de casa Caracas FC  enfrentando al Trujillanos.  El cotejo fue de un solo lado.

Caracas  goleó 4 a 0 a su débil rival y  clasificó al octogonal del campeonato venezolano.
El Caracas es un equipo emblemático y popular. Fue fundado el 05 de diciembre de 1951. Tiene 65 años. No es poca cosa. Aquí a sus jugadores se los  conoce como ” los demonios rojos”. Su hinchada se ubica en la zona sur y se parece a la del comando sur del Alianza Lima. Solo que  aquí las barras ingresan con tambores, bombos, cornetas, trompetas, pancartas, cohetones y hasta cerveza.

Sí, una cerveza, cuesta en tribuna 3,000 bolívares, más o menos 2 soles. Venden también otros cócteles. Los hinchas se sazonan bien, pero no hay broncas. En la zona exterior del estadio hay ferias de comidas. Combos de cachapas, arepas y bolsitas de  cotufa( pop corn). Los precios, no pasan de los 3 soles.

Me llamó la atención, además del fútbol, que durante el entretiempo presentan cantantes y grupos musicales. Es una forma distinta de hacer empresa con el más popular de los deportes. Y antes de los partidos, organizan bailetones, aeróbicos y concursos de talento artístico.

Tras el partido, decidí regresar al hotel en metro. Ya lo he utilizado otras veces durante mis  coberturas de prensa en Venezuela. pero, los tiempos cambian y el metro también.
Actualmente el metro caraqueño, inaugurado el 2 de enero de 1983, tiene 34 años. Fue uno de los primeros de la región cuando Venezuela era el pariente rico de Sudamérica.

Nosotros, ni siquiera soñábamos con un metro. Aquí si nos sacaron una larga ventaja.
Con 48 estaciones, recorre 71 kilómetros. Es operado por una empresa que está adscrita al ministerio del poder popular  para el transporte terrestre. Así de pomposos son los nombres de los ministerios venezolanos.

El sistema de ferrocarril metropolitano ( Metro) cuenta además con el sistema de transporte superficial ( Metrobús),  un sistema teleférico (Metrocable) y una red de autobuses de transporte rápido ( Buses Caracas).

Si algo de bueno mantiene Caracas en el tema vial es que no hay microbuses ni cobradores vocingleros, pero no se vaya a creer que no hay tráfico.

Las grandes avenidas y autopistas de la capital venezolana están colmadas de carros, nuevos, antiguos y muy  antiguos, tipo lanchones. Encima hay miles de motocicletas que circulan por las mismas vías de alta velocidad de los automóviles y el  transporte público.
El explosivo crecimiento del parque automotor tiene su razón de ser. En Venezuela, la gasolina es la más barata del mundo. Llenar el tanque de un carro de 8 cilindros cuesta  300 bolívares. Esto es, cero cinco centavos de un dólar. Se me eriza la piel hacer la conversión a soles. Más caro vale un bidón de 20 litros de agua: 25 centavos de dólar.
Un botones del hotel me decía por eso que  a los venezolanos les sale más barato lavarse las manos con gasolina que con agua. Y no exageran. Pero, a diferencia de lo que ocurre en nuestros países, donde la gasolina es el termómetro de la economía, en Venezuela el gigantesco subsidio a los combustibles( gasolina, petróleo, gas) no se refleja en la economía popular. Un paquete de medio kilo de fideos, por ejemplo, cuesta 3 mil bolívares, diez veces más que  el tanque lleno de un vehículo.

Pero, volviendo al metro, este sábado, el ministerio del interior y justicia cerró 10 de las 48 estaciones, especialmente las ubicadas en la zona este donde los opositores se concentran para protestar. El ministerio dijo que el cierre fue como medida de seguridad, pero la mayoría sabe que fue para evitar que los manifestantes   se movilizaran de manera masiva. El libreto se repite constantemente.

El precio del pasaje en metro también está fuertemente subsidiado. El boleto cuesta 4 bolívares. No es siquiera un centavo en moneda peruana. Cuando fui a la taquilla para  pagar mi viaje, no tenía por supuesto los 4 bolívares. Intenté pagar con un billete devaluado de 100 bolívares, pero no me lo aceptaron.  Es que fue como si me subiera a un micro peruano y quisiera pagar con 100 soles. El cobrador me hubiera bajado al toque, pero aquí como no tenía “ese sencillo” el cobrador me abrió la puerta y viajé gratis. Esto habla bien de los operadores  del metro.

Poco después, antes de  salir de la terminal Chacao,  vi un gran aviso que rezaba “Hugo Chávez, vive”. Otro aviso bolivariano  con corazones  decía ” Venezuela indestructible”.
Al ganar la calle, debí apurar el paso. Cinco cuadras me separaban de mi hotel. Ya era de noche. En la avenida Francisco Miranda no había mucha luz. Y ya ustedes saben  aquello de la jungla de cemento, más en Caracas. En las esquinas  y cruceros observé que la basura estaba regada, como si hubieran hurgado en las bolsas rotas y desperdigadas. Metros más adelante, encontré a un joven  que  se cubría  el rostro con una gorra  mientras buscaba alimentos entre los desperdicios.

No lo digo yo, sino la encuesta nacional de condiciones de vida (ENCOVI) elaborada por tres prestigiosas universidades privadas. En 93 por ciento de los hogares venezolanos no alcanza el dinero para adquirir alimentos y cerca de 9 millones y medio, de los 30 millones de venezolanos, solo ingieren 2 o menos comidas al día.

No es, sin embargo, lo más brutal. Según esa misma encuesta 3 millones de venezolanos comen de la basura,  productos comestibles que son desechados. En el populoso  barrio metropolitano  de Coche, cerca al mercado, hay paraditas de ambulantes donde se expenden en el suelo esos productos alimenticios.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro ha calificado esas encuestas de demenciales. Y exhibe con orgullo los resultados de su misión de seguridad alimentaria. En la gran mayoría de parroquias ( urbanizaciones) populares se entregan las canastas CLAP. Contienen productos alimenticios de primera necesidad, pero se distribuyen una sola vez al mes. Y no alcanza para todos.

Finalmente, cuando estaba por llegar al hotel,vi en una pared una imagen del santo padre Juan Pablo Segundo. Ver su rostro me dio tranquilidad.

Recordé entonces que el sábado cuando fui a la iglesia monumental de Chiquinquirá, en el residencial barrio de La Florida, los fieles realizaban cadenas de oración por Venezuela. Lorena Carmona, una profunda creyente me dijo que hoy los venezolanos están orando por la paz del país, para que Venezuela sea la misma de antes.

“Con Dios, todo se puede” me confesó con absoluta convicción.
Y yo, como peruano y hermano latinoamericano, espero que así sea.