Rayuela, de Julio Cortázar, hito insoslayable en la narrativa del siglo XX

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La publicación de Rayuela en 1963 supuso una verdadera revolución en la narrativa en lengua castellana: por primera vez, un escritor llevaba hasta las últimas consecuencias

la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla.

Rebosante de ambición literaria y vital, renovadora de las herramientas narrativas, destructora de géneros y convenciones, Rayuela es Cortázar en esencia, con toda su

complejidad ética y estética, con su imaginación y su humor.

En el contexto de la celebración del VII Congreso Internacional de la Lengua Española en la ciudad argentina de Córdoba el próximo mes de marzo, la Real

Academia Española (RAE), la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), la Academia Argentina de Letras (AAL) y la editorial Alfaguara, que forma parte

de Penguin Random House Grupo Editorial, han querido rendirle homenaje a uno de los autores en español más importantes de todos los tiempos y a su obra más emblemática, que conmocionó el panorama cultural de su tiempo y que no deja de encontrar lectores

hasta nuestros días.

Con Rayuela Cortázar dio al juego carácter literario. Un juego que involucra al lector como protagonista y que, por tanto, se renueva con cada lectura,

manteniéndose para siempre vigente. El propio Cortázar dijo sobre su novela: «A mí se me ocurrió —y sé muy bien que era una cosa difícil, realmente muy muy difícil—, intentar escribir un libro en donde el lector, en vez de leer la novela así, consecutivamente, tuviera en primer lugar diferentes opciones. Lo cual lo situaba ya casi en un pie de

igualdad con el autor, porque el autor también había tomado diferentes opciones al escribir el libro».

No importa el tiempo transcurrido desde la primera publicación de Rayuela. Los lectores de esta obra y de Cortázar siguen siendo hoy en día innumerables. ¿Viaje hacia

delante?, ¿viaje hacia atrás? Viaje iniciático, sin duda, del que el lector emerge tal vez con otra idea acerca del modo de leer los libros y de ver la vida. Un mosaico donde toda

una época se vio maravillosamente reflejada.

La edición conmemorativa recupera además, por primera vez desde 1983, la reproducción facsimilar del «Cuaderno de bitácora», la libreta en la que Cortázar fue

cuaderno permite, como un juego de los que tanto gustó Cortázar, un diálogo del autor con el lector sobre la novela que traspasa las fronteras del tiempo.