Nadine, de primera dama a prisión… por Juan Silva Vidaurre

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Ella usurpó el poder, hoy vive su peor pesadilla, busca enternecer enviando cartas. Fue la cabeza de organización delictiva.

La señora Heredia ha enviado una carta desde su encierro, narrando lo que  padece al estar lejos de su familia y la importancia de sus hijos. Conmueve, una mujer entre rejas, siempre será algo muy lamentable y, más aún, cuando pone en letras su añoranza. Pero viniendo de ella, debemos suponer que es parte de su estrategia de dar penita, de hacer que nos sintamos culpables de lo que hoy pasa.

La señora tuvo tiempo de sobra para aquilatar el puesto al que llegó su esposo el expresidente y, lo que hizo, fue organizar la maquinaria de la corrupción, desde antes de llegar al gobierno; su amor al antimonio le llegó cuando en el 2006 levantó plata con la candidatura del esposo. Ella armó el tinglado, usó a su marido presidente para encumbrarse en el poder y sacar provecho de él. No dudó de colocar a su hermano como tesorero, e invitar al festín a sus allegados que le dejaban dinero. Ahí está su amiga Rocío Calderos, su ginecóloga, su prima en Sunat para presionar, todos en puestos claves. El inefable e intocable Juan Carlos Rivera Ydrogo, alias Chocherín, que se llenó de dinero manejando la publicidad del Estado que fue de cientos de millones de soles.

Que es lamentable, claro que sí, es la peor experiencia para un ser humano. Pero ella fue advertida, una mujer inteligente, porque lo es, sabía el riesgo que corrían, pero más pudo su ambición desmedida, la intriga, el sentirse superior.

Nadine, la chica sencilla de la universidad, la flaquita modesta que vestía su polo y Jean, pasó a ser la vitrina de costosas marcas de ropa y accesorios. En un solo viaje se gastó treinta mil dólares en frivolidades.

Ella usurpó el poder, hizo añicos a quienes no se doblegaban, Llamaba “mis ministras”, no hubo un estrado donde no se parara a dirigir su palabra, algo insólito en nuestra historia. Fue desleal, traicionera, y generosa con quienes la veían como un ser iluminado. Es verdad que sí avanzó de esta manera es porque contaba con el apoyo del esposo presidente.

Ella, quien ahora añora la libertad, se ensañó con sus enemigos, puso y retiró ministros, se zurró del gobierno peruano y su pueblo.

Escucho voces que piden que la liberen y dejen a su marido preso. Olvidan que ella es la cabeza de su organización delictiva, ella manejó el dinero que anotó con placer de agiotista cifra por cifra. Liberarla, sería un grueso error, porque ella sí que terminaría con los testigos y movería sus fichas para desaparecer documentos.

La cárcel es triste, me dan pena todas las mujeres que están sufriendo condena o esperan sentencia. Mujeres abandonadas, casi siempre, que salen a vender drogas como único ingreso para alimentarse, ellas sí sufren, y más, porque al salir no tendrán ni un sol partido por la mitad, en cambio Nadine, podrá disfrutar, después, de todo su dinero mal habido.

Cuando empiecen a sentir pena, muy propio de los peruanos, recuérdenla altanera, mirando por sobre el hombro; recuérdenla, dando discursos usurpando funciones. Dejando a su marido como un “cosito”. Acuérdense de sus palabras, el desprecio, sus odios, llena de intriga, una arpía sin límites.