“Jorge Sedano”… Por : Octavio Huachani Sánchez

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Lima, 24 enero 2017 (peruinforma.com / escrito por: Octavio Huachani Sánchez).-

Robusto, amiguero, efusivo, cocinero de nota pero sobre todo audaz, así era Jorge Ramón Sedano Falcón. Y justamente esa audacia hizo que en un primer intento ingresara a un importante diario capitalino y por la puerta grande. Fue en 1974 cuando el Chino Domínguez, jefe de fotografía de La Crónica estaba desesperado revisando los contactos de las fotos sobre la carrera automovilística Caminos del Inca.

¡Puta madre! ¿Esto es todo? preguntaba en voz alta hurgando en los otros contactos que estaban sobre la mesa mientras escuchaba la estruendosa voz de Guillermo Thorndike, director del diario que lo apuraba con gritos que hacían remecer las gruesas paredes de concreto del gris edificio ubicado entre el jirón Andahuaylas y la avenida Grau. Era la hora del cierre y las fotos que faltaban eran sobre una competencia automovilística que además de la portada estaban pauteadas para la central y cuatro páginas más. Y en medio de esa batahola generada por los apuros y angustias propios de un cierre de edición, apareció un cuarentón rollizo de rostro ancho, moreno y ojos achinados.

-¿Disculpe, usted es el señor Domínguez?

Sí, si… pero ahora estoy muy ocupado…ven otro día…

-Es que le traigo unos rollos de fotografías sobre los Caminos del Inca. ¿Sabe? he cubierto todo el trayecto.

-¿Todo el trayecto? ¿Cómo va a ser todo el trayecto?

Asi es, tenga, dijo Sedano entregándole una serpentina negra de película de 35 mm. De inmediato Domínguez con los negativos en mano se dirigió raudo al laboratorio y pidió que las ampliaran de inmediato: “Quiero todas la fotos en 18×24”, ya no hay tiempo para contactos, le dijo al  laboratorista.

-Camino a la dirección, el chino le dijo a Sedano, tenías razón: efectivamente, es todo el trayecto. A ver gordito cuenta ¿cómo has hecho?

Achinando más sus ojos, Sedano le respondió:

-Señor eso es secreto profesional.

-Jajaja, está bien. Ahora espera que ahorita regreso ah! y no te muevas porque ya estás contratado. Si lo deseas anda, recorre las instalaciones para que conozcas la gente y como se procesa un diario.

Lo primero que quiso conocer Sedano fue la sala de redacción. A cada paso su asombro iba en aumento mientras veía desfilar por los pasillos a Nelson Vela, Raúl Sagastegui, Oswaldo Sánchez y Norman Díaz, es decir los mejores fotógrafos del Perú. Pero saber que trabajaría al lado de ellos no lo arredró y por el contrario se propuso poner todo su esfuerzo para estar a la altura de esos, ahora, sus colegas.

Mientras continuaba su recorrido por las diferentes secciones del periódico su mente se retrotrajo en el tiempo: recordó que para sobrevivir había sido electricista, albañil, carpintero y hasta mecánico, es decir un mil oficios. Recordó también sus años como estudiante de Guadalupe y de las palomilladas que hacia junto a sus amigos de promoción y de los campeonatos de futbol en los que participó defendiendo los colores del colegio y de su barrio. Se acordó que apenas terminó de estudiar se fue a trabajar a Marcona para una empresa minera donde ingresó como capataz, luego fue mecánico para terminar como maquinista de cargador frontal. Que luego regresó a Lima y que apenas llegó, con lo ahorrado se compró una cámara fotográfica y descubrió que esa era su verdadera pasión. Y que luego de hacer algunos estudios sobre fotografía y laboratorio se lanzó a las calles. Sus primeros trabajos fueron matrimonios, bautizos y fiestas de promoción hasta que se animó a participar en varios concursos. Entonces hizo unas tomas de una encantadora jovencita cuya belleza lo cautivó desde un primer instante. Se llamaba Alcira Velásquez y con esa foto no solo ganó el concurso sino también al amor que lo acompañaría toda su vida. Con ella tuvo seis hijos:

Jorge, Marco Antonio, Dennis Milton, Elsie Alcira, Romy Janet y Juan Carlos

Antes de presentarse a La Crónica, Sedano había trabajado como free lance para la agencia de noticias EFE y luego en la revista El Amauta.

Ya en el diario realizaba todas las comisiones dando muestras de creatividad y rápidos reflejos para encontrar el ángulo exacto en contados segundos. Su otra pasión eran las competencias automovilísticas que de motu proprio cubría. Así se hizo amigo de muchos pilotos y en varias ocasiones puso en práctica sus conocimientos de mecánica y hasta llegó a ser copiloto del legendario Arnaldo Alvarado. Como nunca se despegaba de su cámara obtuvo muchas primicias fotográficas.

Con el pasar del tiempo no había redactor, fotógrafo, diagramador que no visitara su casa donde entre valses, boleros y guarachas de la sonora matancera probaban los deliciosos potajes que el mismo cocinaba y que terminada la cena los comensales maceraban con vinos y cervezas a granel. Sin embargo su secreto culinario mejor guardado y que preparaba a espaldas de su esposa, era su famoso estofado de gato que hasta el mismo Thorndike elogiaba.

A los pocos años Sedano recaló en el diario La República donde encontró una inusitada calidez amical de todos sus colegas y el reconocimiento de su trabajo. Pese a contar con 52 años Sedano participaba en todas comisiones por arriesgadas que estas fueran. Hasta que una noche le comunicaron que al día siguiente muy temprano saldría hacia Ayacucho. Sin titubear aceptó y se retiró para ir a su casa para despedirse de los suyos. Esa madrugada, al salir del diario apenas sintió que unas menudas gotas de una persistente garúa nocturnal humedecían su ancho rostro, abotonó su saco y levantó las solapas para cubrirse el cuello. A esa hora las calles de Lima lucían desiertas y los viejos edificios reflejaban su soledad en las aceras mojadas y en gris de sus colores. Eran los mismos colores de la tristeza que en esos momentos lo embargaba sin poder explicarse el motivo. ¿Ir a Ayacucho? ¿Cuál es el problema? Solo se trata de una comisión más, se dijo, mientras dirigía sus hacia su casa…