“Gloria Trelles, madre coraje”… Por Octavio Huachani Sánchez

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Tenía 85 años y 36 de ellos los consumió acudiendo a cuanto foro la invitaban exigiendo justicia para su hijo y sus colegas. Ella era madre de Jorge Luis Mendivil y como él, murió buscando la verdad.

Casada con Víctor Mendívil, tuvo seis hijos. Jorge Luis. era el tercero.

De menuda figura y sonrisa apacible doña Gloria era una dedicada ama de casa hasta que un día, a raíz de la matanza de siete periodistas en Uchuraccay, tomó conciencia de los problemas sociales de nuestro país.

“El valor me lo dio el dolor por la terrible muerte de mi hijo Jorge Luis” respondía cuando le preguntaban por el cambio de su carácter.

En abril de 1984 estuvo en Ginebra, donde denunció las desapariciones en Perú y las violaciones a los derechos humanos.

A su paso por Madrid, en una entrevista para el diario El País de España doña Gloria señaló: “La muerte de mi hijo me abrió los ojos del todo. En Perú se pisotean los derechos humanos y vivimos cada vez peor. Las desapariciones proliferan; ahora acabo de presentar testimonios escritos de 103 casos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Luchar por una vida digna y por el respeto a los derechos humanos es una buena razón para vivir”, concluyó.

En abril del 2002, Gloria Trelles acompañada de otros familiares de los colegas muertos en Uchuraccay se presentó ante Segunda audiencia pública de la Comisión de la Verdad y Reconciliación celebrada en Huanta, Ayacucho.

“Buenos días. Soy madre de Jorge Luis Mendívil Trelles, el más joven de todos los periodistas, de los ocho periodistas asesinados en Uchuraccay, quiero… yo sé que a todos nos duele perder un ser querido, pero creo que el dolor de perder a un hijo en la circunstancias que yo he perdido al mío es muy diferente, es atroz. Solamente Dios, gracias a Dios, yo no pierdo la fe, él me puede dar la fortaleza para poder estar aquí todavía. Para mí el crimen sigue impune, para mí todo está igual que el veintiséis de enero de 1983, y yo solamente quiero pedir, como madre, que se haga justicia. Que esto, para mí, era la última luz que se nos prendía, que ésta es la última oportunidad que tengo. Yo soy una persona que, la verdad, estoy haciendo un esfuerzo sobrenatural, estoy bastante delicada de salud, he venido contra la opinión de mis médicos, pero espero, Dios me da fuerzas y espero que este esfuerzo no sea otro esfuerzo vano, que no tenga otra decepción más, que se castigue a los verdaderos responsables, tanto a los materiales como, sobre todo, a los intelectuales” enfatizó.

“Les agradezco su atención. La verdad es que mi dolor de madre, me impide seguir hablando, porque es un hijo lo que yo he perdido. Yo siento como que si me hubieran quitado parte de mí, ¿no? Inclusive he llegado al extremo de que uno de mis hijos me ha dicho, mami, son seis hijos que yo he tenido… mami, parece que solamente tú hubieras tenido a Jorge Luis, tú te olvidas que nos tienes a nosotros también y que te necesitamos, pero yo les he dicho. A ustedes los tengo le respondí pero a mi hijo ya no lo tengo, y creo que ésta es la última oportunidad que me queda y espero en Dios y en la Virgen Santísima que se haga justicia, que se castigue a los verdaderos responsables. Muchas gracias”.

Como la mayoría de los deudos de las víctimas de Uchuraccay, doña Gloria tampoco creía que los comuneros hayan actuado solos. Más aún porque ellos mismos dijeron en el proceso que los “sinchis” les habían dicho que maten a todos los que lleguen caminando, pues ellos solo irían en helicóptero.

“Nosotros nunca creímos que los pobladores actuaron solos, por eso no nos hemos cansado de reclamar justicia, de pedir que se investigue hasta llegar a los que ordenaron sus muertes”, sostuvo.

Doña Gloria señalaba que de acuerdo al protocolo de autopsia de los periodistas todos presentan golpes en el cráneo hechos con cacha de una bayoneta. De la Piniella tenía destrozada la mandíbula, señaló. Creemos que 36 años eran suficientes para acercarnos a la verdad. Cada año nos hacemos más viejas y apenas podemos movilizarnos para asistir a los homenajes. Pensamos que el mejor homenaje será descubrir la verdad de sus muertes.

En las últimas semanas de su vida el rostro de doña Gloria mostraba una sonrisa lejana y una mirada fija en un punto de un futuro y una justica que pareciera no alcanzaría.

Descanse en paz doña Gloria. Fue un verdadero honor conocerla.