¿El Congreso es nido de lobistas? Por: Octavio Huachani Sánchez

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Aunque no figura como enseñanza de alguna universidad el lobismo se ha convertido en una actividad muy lucrativa y requerida por grandes empresas nacionales y trasnacionales para defender sus intereses.

En Brasil fue muy comentado el caso de Alexandre Pires Santos, considerado el lobista más poderoso de Brasilia. Pires llegó a tener 60 empleados y a facturar US$18 millones al año. Su cartera de clientes, formada por grandes empresas locales y multinacionales, incluía un laboratorio suizo que se reveló premiaba con “propinas” a varios funcionarios del ministerio de Salud.

¿Qué es un lobista?

En los pasillos del Congreso, ministerios y otras instituciones públicas como Indecopi, Osce, etc., es fácil advertir la presencia de abogados, ex ministros y hasta ex congresistas recorriendo a la búsqueda de algún “contacto” que los pueda ayudar en su tarea de dar trámite a su expediente. Lo hacen en nombre de empresas y grupos de interés.

Sin duda tienen derecho a hacerlo, pero resultaría transparente y saludable saber quiénes son y a quiénes representan. Sería bueno para la democracia y para los propios intereses empresariales.

Porque si su presencia no esconde nada oscuro ni ilegal no hay motivo para ocultarlo. Hacer las cosas “por lo bajo” es lo que provoca sospechas.

Todos, pero sobre todo ellos, debemos de tener en cuenta la delgada línea que divide la corrupción y la tarea legítima de hacer llegar los puntos de vista de un sector empresarial al Poder Legislativo que hay que remarcarla está amparada constitucionalmente en el derecho a petición.

Pero esos límites suelen diluirse y confundirse cuando ese derecho se convierte en tráfico de influencias. Y usualmente en ese tráfico de influencias hay mucho dinero de por medio. Nadie da puntada sin hilo, dicen.

¿Lobi dónde estás?

Pero en nuestro país los lobistas no solo actúan fuera de los edificios, también dentro.

Por ejemplo, al interior del Congreso muchas veces  se generan iniciativas de parlamentarios en actividad que buscan favorecer no solo a determinados grupos o empresas, si no a la propia.

No pocos empresarios fueron tentados por la política y llegaron a ocupar una curul. Claro que no necesariamente para hacer lobismo.