Colombia: Tres generaciones de Carnaval

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Un estudiante universitario, una madre cabeza de hogar y un pensionado cuentan cómo van a vivir las fiestas que comienzan este fin de semana.

El inicio del Carnaval de Barranquilla está a la vuelta de la esquina. Los planes para disfrutarlo son variados, sin embargo el objetivo es el mismo: gozar de la fiesta a plenitud.

Los hijos, la economía, la seguridad, las aglomeraciones y hasta la pérdida de los valores, son algunos temas de conversación que visitantes y habitantes en la capital del Atlántico ponen sobre la mesa, cuando de hablar de carnestolendas se trata.

Carnavaleros en edades cercanas a los 20, 40 y 80 años recordaron fiestas anteriores y contaron cómo tienen pensado vivir esta fiesta.

Dilan Asencio, un carnavalero universitario. Dilan Asencio, estudiante de sexto semestre de Ingeniería de Sistemas, de 20 años, piensa que el Carnaval es epicentro de la cultura de la ciudad “porque en esta fiesta converge todo un pueblo que disfruta su tradición”, desde la zona rosa de Barranquilla hasta los barrios más humildes. “Desde que tengo uso de razón participo de los carnavales”, cuenta entre risas este joven que desde pequeño iba con su madre a ver los desfiles.

“Creo que esta fiesta es un patrimonio cultural de la ciudad por eso vale la pena participar de los eventos independientemente de cuánto presupuesto se tenga. Creo que lo importante es divertirse y hacer parte de algo tan grande como lo es el Carnaval”.

Dilan afirma que salir a ver los desfiles es a veces muy costoso para los jóvenes debido a que por una buena ubicación se debe pagar una suma considerable. “Las opciones económicas como las sillas y los minipalcos no son siempre cómodas y no se ve tan de cerca el espectáculo” expresó.

Sus planes estas fiestas serán entre amigos, aunque solo podrá asistir uno o dos días hasta que su limitado presupuesto de 50.000 pesos se lo permita. “No tengo plata para ir a un festival de orquestas, a un palco o a otros eventos privados, pero la ciudad tiene un portafolio de eventos gratis, de bordillo y abiertos al público como la Carnavalada o Baila a la Calle (…) Con poco dinero mi combo y yo nos podremos gozar estas fiestas porque así nos sale más barato. Buscamos eventos gratis y sitios donde lleguen los car audio. Me gustaría también ir a la Berbetronik, pero para eso si nos tocaría ahorrar un poco más”, agregó.

Martha Morales, madre y bailadora. “Fiestera a morir” Así se define Martha Morales, una currambera de 38 años que espera con emoción la llegada de la temporada más feliz del año, el Carnaval de Barranquilla.

Esta madre de un adolescente quinceañero se considera “bailadora desde la cuna”.  Hace una década pertenece a la comparsa  que en sus palabras es “la mejor del Carnaval”, las Marimondas del Barrio Abajo. “Disfruto las fiestas, tanto en un bordillo como en un club”, dice con vehemencia.  No obstante, aunque su espíritu carnavalero sigue intacto, confiesa tener un poco de temor por la seguridad en estas carnestolendas 2018, y ratifica su confianza en las autoridades.

“En los últimos días se ve mucha organización en la ciudad, ojalá todo siga así y podamos disfrutar sin problemas. Hay uniformados en puntos estratégicos. Lo importante es no dar papaya y en especial, tener siempre presente que el Carnaval es una fiesta de paz”, manifestó.

Para Martha, su hijo es su mayor preocupación, sobre todo en los tumultos y eventos masivos que abundan en estas fechas. “Le recomiendo estar muy atento a cada sitio al que vaya con sus amigos. Que tenga mucho cuidado”.

Manuel Martínez añora el pasado y se preocupa por la seguridad. “El Carnaval es una fiesta enraizada en la cultura caribe”, dice Manuel Martínez un pensionado de 80 años habitante del barrio La Ciudadela, que recuerda haberse gozado en su juventud las festividades.
“Cuando yo estaba joven disfruté mucho las épocas de los carnavales, las personas de mi generación fuimos testigos del crecimiento de esta fiesta. Ahora ya no la sigo tanto, desafortunadamente la inseguridad empaña al Carnaval y le da un toque de tristeza”.
Para don Manuel, uno de los fundamentos de las carnestolendas es la paz y la tolerancia, normas básicas de convivencia que según él no se están cumpliendo en la actualidad.
“A principios del siglo XX se adornaban los carro e‘ mula, era una fiesta bella. La inseguridad no existía. Con el pasar del tiempo, la desigualdad social abrió brechas y así fungió la delincuencia”, señaló.

“Hay mucho bandido suelto en las calles cometiendo delitos, los cogen y a las dos horas están libres, se convierten en reincidentes. Sí los jóvenes andan tomando hasta tarde puede cogerlos una mala hora”, aseguró.

La música de hoy en día es otra de las inconformidades de este octogenario. “En el Caribe tenemos todo un inventario de letras hermosas, poemas hechos bambucos, vallenatos, o porros, pero últimamente se ve un deterioro en la calidad. Muchas de las canciones de ahora no edifican y van en detrimento de los valores que se promueven en una ciudad. Ahora Manuel prefiere reunirse en su casa con familiares y amigos de toda la vida. Con ellos recuerda esos años que lo hacen sonreír.

(Por Keryl Brodmeier)

(Fuente: Nodal)