“En busca de la verdad”… Por: Octavio Huachani Sánchez

0
408

Lima, 28 enero 2017 (peruinforma.com / escrito por: Octavio Huachani Sánchez).-

Apenas despachó las fotos que había tomado en su primera comisión fuera de Lima para la revista Oiga, Amador García regresó al hospedaje. Sin saludar se dirigió presuroso a la habitación que le habían asignado. Entró,  tiró su maletín encima de la cama e inmediatamente salió hacia el balcón. Allí, durante largos minutos permaneció con los brazos apoyados en los viejos balaustres de madera del segundo piso observando aquel paisaje que ya no era el mismo de su niñez. Después empezó a caminar en pequeños círculos, mientras ahuecaba sus manos y las soplaba como si estuviera inflando algo. Su rostro no ocultaba el malestar, nerviosismo y pesar que en esos momentos invadía todo su ser: En su breve recorrido por las calles de Huamanga solo había encontrado niños muy pequeños o gente muy adulta quienes se alejaban cuando intentaba acercárseles. Había una desconfianza absoluta entre todos. Se enteró que la mayoría de los hombres y mujeres jóvenes, habían sido reclutados y llevados a los cerros y otros habían huido hacia lugares lejanos. ¿Qué le han hecho a mi pueblo? Se preguntaba una y otra vez sin poder contener un sollozo que pronto se hizo llanto.

DOS DIAS ANTES

En medio de la convulsión social y el ambiente hostil que vivían los peruanos en general y los ayacuchanos en particular, el domingo 23 de enero de 1983 el general EP Clemente Noel había dado una noticia inusitada:

“El día de ayer los comuneros de Huaychao han dado una muestra de patriotismo aniquilando una patrulla de sendero luminoso”.

Esta noticia tranquilizó a unos pero despertó la curiosidad de otros.

En efecto, no habían transcurrido ni 24 horas cuando empezaron a llegar los primeros reporteros a Huamanga. Algunos lo hicieron acompañados, otros solos. Pero todos iban en busca de la verdad.

APENAS bajados del bus que los trasladó desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, los hombres de prensa dirigieron sus pasos hacia el hospedaje Santa Rosa que se encuentra a dos cuadras de la plaza de Armas convirtiéndolo en su centro de operaciones. Ahí estaban Jorge Luis Mendívil, Eduardo de la Piniella, Jorge Sedano, Pedro Sánchez Gavidia, Amador García y Willy Retto. Después de ocupar sus habitaciones y luego de acomodar su parafernalia periodística salieron en pos de la noticia.

DESPUÉS de realizar sus primeros despachos decidieron almorzar. Sin proponérselo todos coincidieron en La Fortaleza un restaurante ubicado frente al hospedaje. Entonces aprovechando esa coyuntura decidieron ponerse de acuerdo para organizar el viaje. Acordaron que primero comprarían provisiones y que luego contratarían a un guía que los llevara hasta Huaychao. El propietario del restorán les recomendó contratar dos o tres automóviles que los movilizara hasta donde fuera posible “porque el camino era escarpado y muy difícil de transitar a pie, sobre todo para los forasteros”, les advirtió.

Entre Huamanga y Huaychao se encuentra la pequeña comunidad de Uchuraccay que está situada a 4.000 msnm.

Horas más tarde el guía los enteró que solo había encontrado dos autos disponibles, entonces acordaron dividirse en dos grupos.

UN DIA ANTES

El administrador del Banco Agrario en Huamanga, enterado de la presencia en esa ciudad de periodistas llegados, como él, desde Lima, organizó una parrillada en el patio de la casona Santa Rosa con la finalidad de agasajarlos. Acudieron todos aunque algunos como Willy Retto, se retiraron temprano. Antes de acudir a la reunión Retto había recibido una llamada telefónica de Lucía, su novia, quien le hablaba de su preocupación debido a las noticias que difundían los medios de comunicación en torno a la violencia que había en esa zona.

La carta que Willy Retto escribió a Lucía, grafica con exactitud la difícil situación que estaban pasando los periodistas de los diarios limeños en aquella inhóspita zona, donde la tensión, la inseguridad y la desconfianza iban de la mano con el miedo:

 “Amor: Espero que sepas comprender el porqué de mi actitud por teléfono. Por favor comprende, no quiero que te preocupes por nada, yo me estoy cuidando lo más que puedo… disculpa, cielo, mi letra, es que te escribo desde un taxi, rumbo al aeropuerto. Mi pata viaja muy temprano y el ingreso al aeropuerto es muy restringido, ya que es zona militar. Por aquí ocurren muchas cosas que jamás en mi vida pensé pasar y más aún, vivirlas tan de cerca. Veo la extrema pobreza de la gente, el temor de los campesinos y la tensión que se vive, es pareja para la PIP, GC y ejército como para sendero y la gente inocente”.

“¿Sabes? procuro hacer las cosas lo más rápido posible para estar contigo lo más pronto posible, pero la buena suerte me acompañó muy poco, ya que tuve problemas con unos rollos, motivo por el cual la conversación con mi jefe no fue del todo agradable. Sé que me entiendes; hoy viajo a un pueblo que queda a, según dicen, no sé, cuatro horas en carro, tres a caballo y tres a pie”.

“Si (acaso)  no te llamo es porque salgo nuevamente a otro pueblo, donde son cuatro horas en carro y ocho horas (ida y vuelta) a pie. Dicen es zona liberada, o sea zona de sendero, de “terrucos” como aquí les dicen”.

La plata se acorta y ya casi no tengo dinero más que para comer, espero estar a tu lado este jueves 27. Te pido que no te preocupes. Si (acaso) me llamas, por favor entiende que siempre tengo personas a mí alrededor que, dicen, es gente de inteligencia, tanto de sendero, que no sabes quienes son; como del estado, y eso motiva mis frases entrecortadas porque no deseo comprometerte (…). Por eso no puedo hablarte bien. Cuídate mucho como yo lo hago”. Te ama, WILLY.

EL DIA D

A las cinco de la mañana solo apareció una movilidad. Entonces, sin pensarlo dos veces, todos corrieron hacia ese único auto, olvidándose de lo pactado.

Uno tras otro se empujaban tratando de subir al vehículo. No les importaba la incomodidad ni estar apretujados, solo deseaban llegar a su destino y tener noticias de primera mano.

De la Piniella, se adueñó del asiento del copiloto. El ‘Gordo’ Sedano ingresó atrás seguido por el siempre inquieto Willy Retto. Luego, empujándose los siguieron Jorge Luis Mendívil, Pedro Sánchez, y Amador García.

Dos horas después de partir y a pocos metros de llegar a la laguna de Toccto, el chofer notó que el motor del vehículo comenzaba a  recalentar: lo empinado del camino y el exceso de pasajeros habían hecho lo suyo. Entonces detuvo el auto, puso el freno de mano, bajó del vehículo levantó el capot y comprobó que sus sospechas eran ciertas: El agua del radiador estaba hirviendo.

-Bueno muchachos creo que hasta aquí llegamos, por lo menos hay que esperar un par de horas para el motor se enfríe y luego tomaré el camino de regreso”, les dijo a sus pasajeros.

Entonces los periodistas bajaron del taxi y aprovecharon la circunstancia “para estirar las piernas” y comer fruta. Luego caminaron hacia la orilla de la laguna de Toccto y ahuecando sus manos cogieron una porción de sus cristalinas aguas para refrescar sus rostros y mojar sus cabellos. Sonrieron al notar que la laguna reflejaba sus rostros como si los hubiera fotografiado.

LA FOTO DEL RECUERDO

Entonces decidieron juntarse y tomar posiciones para la foto del recuerdo: Ahí estaban: Jorge Sedano posando con una mano en el bolsillo y la otra sobre el hombro de Amador García quién tenía ambas manos metidas en los bolsillos de su casaca deportiva; Jorge Mendivil vistiendo casaca gruesa, guantes de lana y una chalina alrededor de su cuello, mostraba una enigmática sonrisa en su rostro de niño bueno; Félix Gavilán, periodista ayacuchano, posaba al centro del grupo; el siempre parco Pedro Sánchez mostraba una sonrisa poco usual en él mientras metía las manos en los bolsillos de su jean;  Willy Retto con su maletín sobre el hombro y su inseparable cámara fotográfica en la mano derecha asomaba detrás de Eduardo de la Piniella. Todos, menos Sedano, calzaban zapatillas. Era el 26 de enero de 1983 y el reloj marcaba las 8:30 de la mañana.

Luego, De la Piniella, el más alto del grupo, puso una de sus manos sobre su frente como si fuera una visera y empezó a otear el horizonte tratando de  calcular la distancia que aún les faltaba recorrer.

-¿Cuánto falta?, le preguntó al guía.

-Uf, harto camino nos espera joven, fue su repuesta.

Presintiendo los peligros que podría acecharlos en el trayecto acordaron continuar caminando hasta Cajabamba, chacra de los familiares del guía y de ahí hacia Huaychao. En ese momento estaban depositando no solo su confianza sino también sus vidas en el guía. Era innegable que sentían temor pero el deseo de conocer lo que realmente habría pasado con los terroristas muertos los animaba.

Y así fueron caminando unas tres horas más en una ruta pedregosa y empinada. En ese tramo fueron guiados por Octavio Infante, director del diario “Noticias” de Ayacucho. Acordaron hacer otra pascana para recuperar las fuerzas y poder continuar ahora bajo la orientación de Juan Argumedo. El reloj marcaba las 3 de la tarde cuando los periodistas se disponían a cruzar el poblado de Uchuraccay, en el último tramo hacia Huaychao.

MIERDA!

Continuaron caminando en fila india hacia su destino final cuando un extraño murmullo que  provenía de los cerros provocó que detengan sus pasos y los puso en estado de alerta. Segundos después escucharon que un tropel de asordinados pasos se acercaba a ellos. De repente el silencio de la tarde fue invadido por decenas de gritos llegados de todos lados que, intuyen, preludian la andanada de piedras que empiezan a desfilar por el aire.

De pronto se encuentran cercados por aproximadamente 30 comuneros y escuchan que todos les gritan pero nadie entiende nada. Uno de los comuneros, aparentemente el líder del grupo, que llevaba una soga en las manos y vestía pantalón de bayeta, poncho marrón pero descalzo, les habla en quechua y con enérgicos gestos pide que le muestren el contenido de sus maletines. Una campesina cuya mirada trasmite odio también les grita y se une a la revisión. Ellos, sin hesitar, obedecen en silencio.

En esos momentos los periodistas, sin entender ni comprender nada, solo miran al guía para que les explique qué es lo que tratan de decirles para poder responderles. Pero el silencio es la respuesta del guía. Notaron que su pálido  rostro reflejaba pavor y el temor a la muerte.

Entonces Willy Retto se agazapa, retrocede unos pasos y en un acto reflejo acciona su cámara fotográfica buscando graficar esos momentos cruciales. A duras penas logra tomar algunas vistas. De pronto su hombro derecho y brazo izquierdo son golpeados duramente.

-¡Mierda! exclama al sentir que un objeto contundente le golpea (¿dos, cuatro, cinco veces?) la espalda lo que hace que arquee su cuerpo hacía delante. Luego, dos fuertes golpes logran que doble su pierna derecha; cae de rodillas y cuando intenta reincorporarse observa que algunos de sus colegas estaban arrodillados mientras otros yacían en el suelo boca abajo y con las manos en la cabeza. Entonces siente un fuerte golpe en la nuca y que de su cabeza empieza a manar incontenible, abundante sangre que poco a poco va cubriendo sus ojos…