“Su majestad: El Gato”… Por: Juan Silva Vidaurre

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Lima, 23 enero 2017 (peruinforma.com/ escrito por: Juan Silva Vidaurre)

Hace un par de meses me dejaron un gato bebé, -solo por un ratito-, hasta ahora lo tengo, no regresaron a recogerlo y yo no pude desprenderme de él; es tan pequeño, frágil; color blanco, salvo sus ojos y rabo que son negros, se ha vuelto mi engreído.
Me distrae verlo cuando juega con cualquier cosa, una pita, una tapa de algo; admiro su flexibilidad, saltan de costado, se dan volantines, dan saltos de grandes y son muy especiales para comer. Pareciera que escanean la comida, la huele bien y espera, seguramente, una respuesta, porque luego se lanza a comer con gran entusiasmo. Ha crecido, lo engrío, sabe que yo soy su proveedor de alimentos y cariño; en cuanto siente que llego me reclama su porción de comida. Tuve que averiguar cuánto tiempo duerme, porque pensé que estaba enfermo, pero no, los gatos pueden dormir hasta el 75% o más del día, es normal. Esas 16 o 17 horas de sueño lo pueden hacer por partes tomando largas siestas o varias cortas, incluso sentados.
John Bradshaw , es experto en comportamiento felino de la Universidad de Bristol. Tras observar gatos domésticos durante años, ha llegado a una enigmática conclusión: no nos entienden como lo hacen los perros.

Evidentemente, saben que somos más grandes que ellos, pero no parecen haber adaptado su comportamiento. Levantar la cola, frotarse cariñosamente con nuestras piernas y sentarse a nuestro lado es exactamente lo mismo que hacen con otros gatos.

Creen que somos torpes, claro: los gatos no se tropiezan con las personas, pero nosotros sí nos tropezamos con ellos. Sin embargo, no creo que nos vean como seres tontos, pues no se restriegan cariñosamente con gatos inferiores a ellos.

El gato apareció en la tierra antes que la mayoría de los animales que han llegado a ser domésticos y, sin embargo, ha sido uno de los últimos en ser domesticados por el hombre.

No sabemos a ciencia cierta cuándo se convirtió en compañero de los humanos. Sin duda la fascinación y misterio que siempre ha rodeado, para su bien y su mal, al gato, ha dado lugar, desde la noche de los tiempos, a todo tipo de leyendas sobre su origen.

Una de ellas cuenta que, en pleno Diluvio Universal, en el Arca no existía aun el gato. A medida que pasaron los días los ratones se multiplicaban y arrasaban con las existencias de alimentos. Noé, desesperado, pidió ayuda a Dios, que le invitó a acariciar tres veces la cabeza del león. Este estornudó y de sus fosas nasales salió la criatura que controlaría a los voraces ratones: el gato.

Una de las principales razones por las que el hombre domesticó al gato fue debido a la aparición de la agricultura, durante el Creciente fértil. Los roedores eran atraídos por el almacenaje de las cosechas, y con ellos aparecerían sus depredadores que eran los gatos. Los humanos pronto cayeron en la cuenta de los beneficios de dar mantenimiento y cuidados a quienes protegían sus alimentos. Con el tiempo, en una cultura como la Egipcia estos animales adquirirían divinidad, pues serían un símbolo de fecundidad y belleza, y se le llegaron a atribuír cualidades místicas como la de velar por el alma de los muertos. Un ser humano que atentara contra un gato era castigado con la pena de muerte, ya que los faraones llegaron a imponer una protección rigurosa para ellos, y pronto se hicieron animales considerados sagrados y que representaban a deidades como Bastet.

Pero todo esto no fue un golpe de suerte para el animal, él mismo se labró su reputación entre los hombres de esa época debido a su docilidad y gracia. Antes que ellos, en Egipto ya se tenía una religiosa lealtad hacia los felinos como el León, pero éste imponía demasiado respeto por su fiereza. La aparición del gato no hizo más que facilitar la adoración de esta especie, y la introducción de su vida en la de los hombres. Las ventajas de su presencia fue de boca en boca hasta que otras culturas, a espaldas de la protección bajo la que estaban estos gatos gracias a los faraones, empezaron a comerciar con ellos extendiendo su presencia en otras poblaciones e incluso cruzando continentes.

Con toda esta historia detrás, para quienes estemos acostumbrados a ellos resulta fácil entender el sitio que se ganaron los gatos en culturas tan antiguas, y es difícil entender que en la mentada modernidad de los tiempos que corren haya cambiado tanto el panorama para este pequeño animal. Recientemente, en el caso de España, la Ley de Caza ha sido modificada permitiendo la cacería de animales domésticos como el perro y el gato, algo que choca con las actuales Leyes de protección animal, y con los delitos tipificados en el código penal correspondientes al maltrato de animales domésticos.

Existen muchos mitos en cuanto al comportamiento y carácter de los gatos, mucha gente se muestra reacia a la convivencia con ellos y se dan por sentadas reglas que nos hacen apartarlo y verlo como un ser de naturaleza salvaje, sibilina y traicionera. Si extrapolásemos estas mismas reglas a un perro, a un hámster o a cualquier animal hasta hoy domesticado por el hombre, sencillamente nos encontraríamos con el mismo resultado.

Y es que en la naturaleza de cada animal existe algo ajeno a nosotros, ya que son seres que de no pertenecernos, seguirían con sus vidas y sus instintos tan básicos y primitivos que les harían evolucionar a cualquier otra cosa menos la que conocemos: el perrito que mueve el rabito al llegar a casa, el hurón que persigue una pelota y que se revuelca para dejarse dar unos mimos, el bichito boludito y peludo correteando por un tubo de plástico o una rueda. Mismamente el gato que se tira en el suelo o se arrima a tu pierna frotándose en ella.

Sin embargo, en el caso de los gatos, hacemos siempre una excepción y nos mentalizamos a que son seres incorregibles e indomables. Pero entonces, ¿qué masoquista sensación llevó a los Egipcios a verlos como Dioses? No tenemos que ser egipcios para comprenderlo, sólo respetarlos tanto como lo hicieron ellos y tomarnos la molestia de observar su comportamiento y dejarlos entrar en nuestras vidas. No es un ser básico, aunque tiene necesidades básicas si nos referimos a domesticación. Es un animal complejo, cada ejemplar puede mostrar actitudes, aptitudes y carácteres diferentes, poseen una inteligencia casi abrumadora y sus cualidades físicas son superdotadas.

En sí mismo no podría considerarse un animal para domesticar, no es equiparable el cuidado y atención que puede tenerse con un perro a la que se le puede tener a un gato. Podría decirse más bien, que es un animal de compañía que posee la suficiente autonomía para solventar él mismo necesidades como el juego, el aseo o la realización de sus necesidades en sitios adecuados, pero que a su vez depende de nosotros para otros aspectos como el cuidado de su salud y el fomento de actitudes y costumbres positivas. El resto es mera convivencia, sin embargo, se hablará más adelante de aspectos etológicos a tener en cuenta para una vida de calidad y plena al lado de ellos.

  Aquí les dejo algunas preguntas que responde el experto:

¿Podemos averiguar lo que realmente piensan de nosotros?

Se necesita más investigación, no es algo que llame demasiado la atención. Los gatos no son animales salvajes, por lo que los ecologistas podrían pensar pero si ni siquiera son animales de verdad.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de tu investigación?

Lo estresados que pueden estar sin que sus dueños se den cuenta, y lo mucho que afecta a su salud. Los gatos a veces no se llevan bien con otros gatos, lo que puede provocarles mucho estrés. De hecho hay más visitas al veterinario por heridas causadas en peleas entre gatos que por otra cosa.

¿Por qué a veces tratan de forma diferente a un miembro de la familia?

Son mucho más inteligentes de lo que pensamos. Se aprenden nuestros comportamientos, por ejemplo, saben cuándo uno suele despertarse a las 4 de la mañana y les da algo de comer.

¿Se puede domesticar a los gatos?

Sí, los gatos pueden aprender lo que no deben hacer. Si un gato ha cogido la costumbre, por ejemplo, de subirse a la mesa de la cocina, hay formas de evitarlo.

Por ejemplo, se pueden usar pistolas de juguete, pero que no se den cuenta de que las tienes, porque los gatos no olvidan, y una vez que comprenden que alguien les está provocando ansiedad o les está haciendo daño, se mantienen alejados.

¿Por qué quieres que los dueños conozcan a sus gatos?

Los gatos son animales sociables hasta cierto punto, no tanto como los perros. Muchas personas que tienen un gato deciden adoptar otro, pensando que será más divertido, pero los gatos pueden no verlo así.

Mi consejo sería que si quieres tener más de un gato, vayas con cuidado y estés preparado para renunciar si no funciona

Termino de escribir esto y ya está a mi lado,  mirándome y sobando su cuerpo con mi brazo, es señal que él quiere atención y seguro comer luego. Hoy es su día de suerte, dejo sus comida gatuna por una lata de anchovetas que devora con gran entusiasmo. No te acostumbres, le digo, creo que me entiende.